Es la
primera vez en la historia humana que surge un grupo de pueblos
emergentes organizados en coalición de países (BRICS) a nivel mundial,
disponiendo de los medios necesarios para oponerse pacíficamente o
disputar militarmente si es necesario, con países que tradicionalmente
han estado acostumbrados a imponer su dominio mediante la fuerza, —como
lo han hecho los Estados Unidos en el siglo XX— o como lo hicieron las
metrópolis europeas a partir del siglo XVI con la implantación de
imperios coloniales. La lucha por una nueva conciencia de igualdad y
equidad entre los pueblos esta amaneciendo.

- Soldados
rusos compartiendo con soldados chinos un saludo de camadería durante
las recientes maniobras militares conjuntas Rusia-China.
- Abril 2012
Introducción del editor de Tom Dispatch
En diciembre pasado, un súper-secreto RQ-170 Sentinel, parte de un extenso programa [internacional] de vigilancia de
drones de la CIA sobre Irán, «descendió» (o fue «derribado», o
secuestrado por ordenador y obligado a descender, ver video aquí)
y recuperado intacto por los militares iraníes. Esta semana, un general
iraní anunció orgullosamente que expertos de su país habían logrado
acceder al ordenador del avión –ofreció información que lo prueba– y
ahora estaban realizando «ingeniería inversa» del drone para
crear uno propio.
La mayoría de, o todas sus afirmaciones, han sido ampliamente puestas
en duda, ridiculizadas, o simplemente descartadas en nuestro mundo, y
que yo sepa lo que hizo fue ciertamente pura fanfarria y bluf. Pero si
fuera así, igual se las arregló para echar mano de un deseo ardiente que
subyace desde hace un par de siglos de historia global: adaptar los
aspectos más sofisticados de Occidente para resistir a Occidente. Ese
deseo ha sido esencial para la forma en que se ha desarrollado nuestro
planeta. Después de todo, gran parte de los dos últimos siglos podría
llevar el título en términos tecnológicos, económicos, e incluso
políticos, de «La historia de la ingeniería inversa».
Desde que en el Siglo XVIII en el
Imperio Otomano,
en China o en cualquier otra parte los barcos europeos con cañones
parecían derribar puertas y conquistar países o someterlos a una
voluntad ajena, el tema de la ingeniería inversa siempre estuvo al
alcance de la mano. Durante interminables décadas, la cuestión
preeminente, lo esencial a discutir, era precisamente lo que se podría
adaptar del arsenal occidental de armas, política, tecnología, e ideas, y
cómo podía fusionarse con la cultura local, cómo podría acceder a
«características» otomanas, indias, chinas, japonesas y lograr que
controlara o revirtiera el curso de los eventos. El ascenso de Japón en
el Siglo XIX y el más reciente crecimiento espectacular de China son,
sin duda alguna, casos de historia de ingeniería inversa.
Sean cuales sean los éxitos y fracasos de ese proceso, la pregunta
actual –mientras EEUU decae, Europa se estanca, y los explosivos
países del BRICS
van de camino al centro del escenario– es probablemente la siguiente:
¿Puede realmente llevarnos más lejos la ingeniería inversa, o
simplemente terminará por derribarnos? ¿No es hora de que haya algo
nuevo en el universo de la ingeniería o tal vez para la llegada de la
ingeniería inversa-inversa a este planeta nuestro de clima abominable y
puesto a prueba?
¿Quién puede ofrecernos mejor una pequeña visión de ese planeta, de
un extremo al otro, integral, en este momento de estrés global que el
propio autor peripatético de
Asia Times y
TomDispatch, Pepe Escobar? Él lo ha visto todo. Ahora, también lo verán Ustedes.
Tom.

- Un oficial ruso con una oficial china durantes las festividades de las maniobras militares conjuntas Rusia-China
¿Un mundo de confrontación de espectro completo? [1]
Goldman Sachs –por medio del economista Jim O’Neill– inventó el
concepto de un ascendiente nuevo bloque en el planeta: los BRICS
(Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica).
Goldman espera ahora que los países del BRICS representen casi un 40%
del producto interno bruto global (PIB) en el año 2050, y que incluyan a
cuatro de las cinco principales economías del mundo.
Dentro de poco, de hecho, es posible que haya que expandir ese
acrónimo para incluir a Turquía, Indonesia, Corea del Sur y, sí, Irán
nuclear: ¿BRIIICTSS? A pesar de sus bien conocidos problemas como nación
bajo bloqueo económico, Irán también avanza
como parte de los N-11, otro concepto embriagador. (Simboliza las próximas 11 economías emergentes).
La pregunta multibillonaria global sigue siendo: ¿es la emergencia de
los BRICS una señal de que hemos entrado verdaderamente a un nuevo
mundo multipolar?
El sagaz historiador de Yale Paul Kennedy (famoso por la expresión
«sobre-estrés imperial») está convencido de que estamos a punto de
cruzar o de que ya hemos cruzado un «punto clave histórico» que nos
lleva lejos, más allá del mundo unipolar post Guerra Fría de «la única
superpotencia».
Existen, argumenta Kennedy, cuatro razones principales para eso: la
lenta erosión del dólar de EEUU (antes representaba un 85% de las
reservas globales, ahora menos de un 60%),
la «parálisis del proyecto europeo», el ascenso de Asia (el fin de 500 años de hegemonía occidental) y la decrepitud de las Naciones Unidas.
El Grupo de Ocho (G-8) es cada vez más irrelevante.
El G-20, que incluye a los BRICS,
podría, sin embargo, ser lo que se necesita. Pero hay mucho que hacer
para cruzar ese punto clave en lugar de ser simplemente arrastrado de
grado o por fuerza: la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, y sobre todo la reforma del sistema de Bretton Woods,
especialmente esas dos instituciones cruciales, el
Fondo Monetario Internacional (FMI) y el
Banco Mundial.
Por otra parte, puede que este sea, de grado o por fuerza, el rumbo
del mundo. Después de todo, como celebridades emergentes, los BRICS
tienen una tonelada de problemas. Es verdad, en solo siete años Brasil
ha agregado 40 millones de personas como consumidores de clase media; en
2016, habrá invertido otros 900,000 millones de dólares –más de un
tercio de su PIB– en energía e infraestructura; y no está tan expuesto
como algunos miembros del BRICS a los imponderables del comercio
mundial, ya que sus exportaciones representan solo un 11% del PIB,
incluso menos que EEUU.
A pesar de todo, el problema clave sigue siendo el mismo: falta de
buena administración, para no mencionar un cenagal de corrupción. La
descarada nueva clase adinerada resulta que no es menos corrupta que las
antiguas, arrogantes, elites compradoras que solían dirigir el país.
En India, la alternativa parece estar entre un caos manejable y otro
inmanejable. La corrupción de la elite política del país podría
enorgullecer a Shiva. El abuso del poder estatal, el control nepotista
de contratos relacionados con la infraestructura, el saqueo de recursos
minerales, los escándalos con la propiedad de bienes raíces, lo tiene
todo, incluso si India no es un Pakistán hindú. Todavía no, en todo
caso.
Desde 1991, «reforma» en India ha significado solo una cosa: comercio
desenfrenado y sacar al Estado de la economía. No es sorprendente, por
lo tanto, que no se haga nada por reformar las instituciones públicas,
que son un escándalo por sí solas. ¿Administración pública eficiente?
Más vale olvidarlo. En resumen, India es una dinamo económica caótica y
sin embargo, en cierto sentido, no es ni siquiera una potencia
emergente, y ni hablar de una superpotencia.
Rusia, también, todavía sigue tratando de hallar la mezcla mágica,
incluida una política estatal competente para explotar los abundantes
recursos naturales del país, su extraordinario espacio e impresionante
talento social. Tiene que modernizarse rápido ya que, fuera de Moscú y
San Petersburgo, sigue prevaleciendo un relativo atraso social. Sus
dirigentes siguen intranquilos ante la vecina China (conscientes de que
cualquier alianza chino-rusa dejaría a Rusia como un evidente socio
menor). No confían en Washington, están inquietos por la despoblación de
sus territorios orientales, y preocupados por la alienación cultural y
religiosa de su población musulmana.
Y luego «Putinator» vuelve como presidente con su fórmula mágica para
la modernización: una cooperación estratégica alemana-rusa que
beneficiará a la elite del poder y a la oligarquía empresarial, pero no
necesariamente a la mayoría de los rusos.
Muerte de Bretton Woods
El sistema de
Bretton Woods,
posterior a la Segunda Guerra Mundial, está ahora legítimamente muerto,
es totalmente ilegítimo, ¿pero que planean los BRICS al respecto?
En su cumbre en Nueva Delhi a fines de marzo, presionaron por la
creación de un banco de desarrollo de los BRICS que pueda invertir en
infraestructura y suministrarles crédito de respaldo para cualesquiera
crisis financieras que se encuentren por el camino. Los BRICS saben
perfectamente que Washington y la Unión Europea (UE) jamás renunciarán
al control del FMI y del Banco Mundial. No obstante, el comercio entre
esos países llegará a impresionantes 500,000 millones de dólares en
2015, sobre todo en sus propias monedas.
Sin embargo, la cohesión de los BRICS, en la medida en que exista, se
concentra en frustraciones compartidas con la especulación financiera
al estilo de los Amos del Universo que casi precipitó la economía global
por un despeñadero en 2008. Es verdad, la gente de los BRICS también
muestran una notable convergencia de política y opinión cuando se trata
del acosado Irán, un Medio Oriente de la Primavera Árabe y el Norte de
África. A pesar de todo, el problema que enfrentan por el momento es el
siguiente: no tienen una alternativa ideológica o institucional al
neoliberalismo y al dominio de la finanza global.
Como ha señalado Vijay Prashad, el Norte Global ha hecho todo lo
posible por impedir toda discusión seria de cómo reformar el casino
financiero global (Vea
«The G-77 awakes»,
Asia Times Online
, 17 de abril de 2012, texto en inglés). No es sorprendente que el jefe
del grupo G-77 de naciones en desarrollo (ahora G-132 en los hechos),
el embajador tailandés Pisnau Chanvitan, haya advertido contra la
«conducta que indica el deseo de un nuevo amanecer de otro
neocolonialismo».
Mientras tanto, las cosas se desarrollan en todo caso,
desordenadamente. China, por ejemplo, sigue promoviendo informalmente el
yuan como moneda globalizadora, si no global. Ya está comerciando en
yuan con Rusia y Australia, para no mencionar toda Latinoamérica y Medio
Oriente. Los BRICS apuestan cada vez más por el yuan como su
alternativa monetaria a un desvalorizado dólar estadounidense.
Japón utiliza tanto el yen como el yuan en su comercio bilateral con
su inmenso vecino asiático. En realidad ya se está formando una zona de
libre comercio asiática no reconocida, en la que participan China, Japón
y Corea del Sur.
Lo que nos espera, aún si incluye un futuro brillante de los BRICS,
indudablemente será muy complicado. Casi todo es posible (rayando en
probable), desde otra Gran Recesión en EEUU hasta un estancamiento
europeo o incluso el colapso de la eurozona, a una ralentización en
todos los BRICS, una tempestad en los mercados de divisas, el colapso de
instituciones financieras, y un crash global.
Y hablando de complicado, quién podría olvidar lo que dijo
Dick Cheney en el Instituto del Petróleo en Londres en 1999, cuando todavía era director ejecutivo de
Halliburton:
«Medio Oriente, con dos tercios del petróleo del mundo y el menor
coste, es donde se encuentra en última instancia la recompensa». No es
sorprendente que, cuando llegó al poder en 2001, su asunto de primer
orden fuera «liberar» el petróleo de Iraq. Evidentemente, ¿quién no
recuerda cómo terminó el asunto?
Ahora (otro gobierno pero la misma línea) tiene lugar un embargo del
petróleo junto con una guerra económica contra Irán. Los dirigentes de
Pekín ven todo el psicodrama iraní de Washington
como un complot de cambio de régimen, lisa y llanamente, que
no tiene nada que ver con armas nucleares.
Una vez más, el ganador hasta ahora en el embrollo iraní es China.
Con el sistema bancario de Irán en crisis y el embargo de EEUU causando
estragos en la economía de ese país, Pekín puede esencialmente dictar
sus condiciones para la compra de petróleo iraní.
Los chinos están expandiendo la flota de buques tanque petroleros de
Irán, un acuerdo por un valor de más de 1,000 millones de dólares, y ese
otro gigante de los BRICS, India, compra ahora más petróleo iraní que
China. Sin embargo, Washington no aplicará sus sanciones a los BRICS
porque estos días, desde el punto de vista económico, EEUU los necesita
más de lo que ellos necesitan a EEUU.
El mundo a través de ojos chinos
Lo que nos lleva al dragón en el asunto: China.
¿Cuál es la máxima obsesión china? Estabilidad, estabilidad, estabilidad.
La habitual autodescripción del sistema de ese país como «socialismo
con características chinas» es, claro está, tan mítica como una Gorgona.
En realidad, hay que pensar en un liberalismo de la línea dura con
características chinas, dirigido por hombres que tienen la firme
intención de salvar el capitalismo global.
Por el momento, China está de lleno en medio de un cambio tectónico,
estructural, de un modelo de exportación/inversión a un modelo dirigido
por los servicios y el consumo. En términos de su explosivo crecimiento
económico, las últimas décadas han sido casi inimaginables para la
mayoría de los chinos (y el resto del mundo), pero según el diario
Financial Times
, también han llevado al 1% más rico del país a controlar entre 40 y
60% de toda la riqueza. ¿Cómo encontrar un camino para superar un daño
colateral tan impresionante? ¿Cómo hacer que un sistema con tan
tremendos problemas internos funcione para 1,300 millones de personas?
Es la hora de la «manía de la estabilidad». En 2007, el primer ministro
Wen Jiabao
advirtió de que la economía china devendría «unstable, unbalanced,
uncoordinated, and unsustainable (inestable, desequilibrada,
descoordinada e insostenible)». Los famosos «cuatro uns».
En la actualidad los dirigentes, incluido el próximo primer ministro
Li Leqiang, han dado un nervioso paso adelante, purgando «inestable» del
léxico del Partido. Para todos los propósitos prácticos, ya ha llegado
la próxima fase del desarrollo del país.
Será interesante observarlo en el futuro.
¿Cómo conducirán a China más allá de las «Cuatro Modernizaciones» los
principitos, nominalmente «comunistas», los hijos e hijas de altos
dirigentes del Partido revolucionario, todos inmensamente ricos gracias,
en parte, a sus cómodos arreglos con corporaciones occidentales, más
los sobornos, las alianzas con gángsteres, todas esas «concesiones» al
mejor postor y toda la oligarquía de compinches ligada a Occidente?
Especialmente con toda esa fabulosa riqueza que saquear.
El gobierno de Obama, expresando su propia ansiedad, ha reaccionado
ante la evidente aparición de China como potencia con la que hay que
contar a través de un «pivote estratégico», de sus desastrosas guerras
en Gran Medio Oriente a Asia. Al Pentágono le gusta llamarlo «reajuste»
(aunque las cosas están lejos de estar reajustadas o terminadas para
EEUU en Medio Oriente).
Antes del 11-S, el gobierno de Bush
se había concentrado en China como su futuro enemigo global número uno.
Entonces el 11-S lo reorientó a lo que el Pentágono llamó «el arco de
inestabilidad», las principales zonas petroleras del planeta desde Medio
Oriente hasta Asia Central. En vista de la distracción de Washington,
Pekín calculó que podría gozar de una ventaja de unas dos décadas en la
cual la presión habría desaparecido en gran parte. En esos años podría
concentrarse en una versión precipitada de desarrollo interior, mientras
EEUU desperdiciaba montañas de dinero en su insensata
«Guerra global contra el terror».
Diez años después, esa ventaja se borró de un golpe ya que desde
India, Australia y las Filipinas hasta Corea del Sur y Japón, EEUU
declara que ha vuelto al negocio de la hegemonía en Asia. Cualquier duda
de que ese era el nuevo camino estadounidense fue disipada en noviembre
de 2011 por el manifiesto de la Secretaria de Estado Hillary Clinton en
la revista
Foreign Policy, titulado de un modo no demasiado sutil «El siglo del Pacífico de EEUU» (¡Y hablaba de este siglo, no del pasado!)
El mantra estadounidense es siempre el mismo: «Seguridad de EEUU»,
cuya definición es: cualquier cosa que pase en el planeta. Sea en el
Golfo Pérsico rico en petróleo donde Washington «ayuda» a sus aliados
Israel y Arabia Saudí porque se sienten amenazados por Irán, o Asia,
donde una ayuda semejante se ofrece a un grupo creciente de países de
los que se dice que se sienten amenazados por China, siempre es en
nombre de la seguridad de EEUU. En ambos casos, en casi cualquier caso,
es lo que supera todo lo demás.
Como resultado, si hay una Muralla de Desconfianza de 33 años entre
EEUU e Irán, hay una nueva, creciente, Gran Muralla de Desconfianza
entre EEUU y China. Recientemente, Wang Jisi, decano de la Escuela de
Estudios Internacionales de la Universidad Pekín y un importante
analista estratégico chino, presentó la perspectiva de los dirigentes de
Pekín sobre ese «Siglo del Pacífico» en un ensayo influyente del que
fue coautor.
China, escribe con su coautor, espera ser tratada actualmente como
potencia de primera clase. Después de todo «superó exitosamente… la
crisis financiera global de 1997-98» causada, desde el punto de vista de
Pekín, por «profundas deficiencias en la economía y política de EEUU
China ha sobrepasado a Japón, la segunda economía del mundo, y también
parece ser número dos en la política mundial… los dirigentes chinos no
acreditan esos éxitos a EEUU o al orden mundial dirigido por EEUU.»
EEUU, agrega Wang, «es visto generalmente por China como una potencia
decadente a largo plazo… Ahora es cuestión de cuántos años, más que
cuántas décadas, tardará antes que China reemplace a EEUU como la mayor
economía del mundo… parte de una nueva estructura emergente». (Pensad
en: los BRICS.)
Resumiendo, como lo presentan Wang y su coautor, los chinos
influyentes ven que el modelo de desarrollo de su país provee «una
alternativa a la democracia occidental y experiencias para que aprendan
de ellas otros países en desarrollo, mientras que muchos países en
desarrollo que han introducido valores y sistemas políticos occidentales
padecen desorden y caos».
En resumidas cuentas se tiene una visión china de un mundo en el cual
un EEUU que pierde efectividad sigue sediento de hegemonía global y
sigue siendo suficientemente poderoso para bloquear a potencias
emergentes –China y los otros BRICS– de su destino en el Siglo XXI.
El sueño húmedo del Dr. Zbig
Ahora bien, ¿cómo ve el mundo la elite política de EEUU?
Prácticamente nadie está mejor cualificado para tratar el tema que el ex
consejero nacional de seguridad, promotor del oleoducto BTC, y
brevemente consejero fantasma de Obama,
Dr. Zbigniew («Zbig») Brzezinski. Y no duda en hacerlo en su último de libro:
Strategic Vision: America and the Crisis of Global Power (Visión estratégica: EEUU y la crisis del poder global).
Si los chinos tienen sus ojos estratégicos fijos en los demás BRICS,
Dr. Zbig sigue aferrado al Viejo Mundo, nuevamente configurado. Ahora
argumenta que EEUU, para mantener alguna forma de hegemonía global, debe
apostar a un «Occidente expandido». Eso significaría fortalecer a los
europeos (especialmente en términos energéticos), mientras acoge a
Turquía, que imagina como un modelo de nuevas democracias árabes, e
involucra a Rusia, política y económicamente, de una «manera
estratégicamente sobria y prudente».
Turquía, a propósito, no es un modelo semejante porque para el futuro
previsible, a pesar de la Primavera Árabe, no existen nuevas
democracias árabes. A pesar de todo, Zbig cree que Turquía puede ayudar a
Europa, y por lo tanto a EEUU, de maneras mucho más prácticas, a
resolver ciertos problemas energéticos globales facilitando su «acceso
sin impedimentos al petróleo y el gas de Asia Central a través del Mar
Caspio».
En las actuales circunstancias, sin embargo, esto también sigue
siendo una especie de fantasía. Después de todo, Turquía solo puede
convertirse en un país de tránsito crucial en el gran juego energético
en el tablero de ajedrez eurasiático que he llamado «Oleoductistán» si
los europeos actúan conjuntamente. Tendrían que convencer a la
«república» autocrática de Turkmenistán, rica en energía, para que
ignore a su poderoso vecino ruso y les venda todo el gas que necesitan. Y
luego existe otro asunto energético que parece poco probable por el
momento: Washington y Bruselas tendrían que abandonar sanciones y
embargos contraproducentes contra Irán (y los juegos de guerra que los
acompañan) y comenzar a trabajar seriamente con ese país.
Dr. Zbig propone, a pesar de todo, la noción de una Europa a dos
velocidades como clave para el futuro poder estadounidense en el
planeta. Hay que verlo como una versión optimista de un escenario en el
cual la actual Eurozona semi-colapsa. Mantendría el papel dirigente de
los ineptos peces gordos burocráticos en Bruselas que dirigen
actualmente la Unión Europea, y apoyaría otra «Europa» (sobre todo los
países meridionales del «Club Med») fuera del euro, con un movimiento
nominalmente libre de personas y bienes entre las dos. Su apuesta –y
esta refleja una línea clave de pensamiento en Washington– es que una
Europa a dos velocidades, un Big Mac eurasiático, todavía estrechamente
unida a EEUU podría ser un protagonista clave para el resto del Siglo
XXI.
Y luego, claro está, Dr. Zbig muestra todos sus colores de la Guerra
Fría, ensalzando una futura «estabilidad en Lejano Oriente»
estadounidense inspirada por «el papel que Gran Bretaña jugó en el Siglo
XIX como estabilizador y balanceador de Europa». Estamos hablando, en
otras palabras, del diplomático de la cañonera número uno de este siglo.
Concede gentilmente que una «exhaustiva cooperación global
estadounidense-china» todavía podría ser posible, pero solo si
Washington retiene una presencia geopolítica significativa en lo que
sigue llamando «Lejano Oriente» – «con o sin la aprobación de China».
La respuesta será «no».
En cierto modo, todo esto es algo familiar, como es gran parte de la
verdadera política actual de Washington. En su caso, es realmente un
remix de su magnum opus de 1997
The Grand Chessboard (El gran tablero mundial) en el cual,
vuelve una vez más a certificar que «el inmenso continente
trans-eurasiático es la arena central de los asuntos mundiales». Solo
que ahora la realidad le ha enseñado que Eurasia no se puede conquistar y
que la mejor opción para EEUU es tratar de admitir a Turquía y Rusia en
el grupo.
Robocop manda
Sin embargo, Brzezinski parece positivamente benigno si se comparan
sus ideas con los recientes pronunciamientos de Hillary Clinton, como en
su discurso en la Conferencia de Asuntos Mundiales del Consejo de la
OTAN 2012. Allí, como hace regularmente el gobierno de Obama, destacó
«la perdurable relación de la OTAN con Afganistán» y elogió las
negociaciones entre EEUU y Kabul sobre «una cooperación estratégica a
largo plazo entre nuestras dos naciones».
Traducción: a pesar de haber perdido durante años la partida frente a
una insurgencia minoritaria pastuna, ni el Pentágono ni la OTAN tienen
la menor intención de reajustarse para salir de sus posesiones en Gran
Medio Oriente. Mientras ya negocia con el gobierno del presidente Hamid
Karzai en Kabul los derechos de quedarse después de 2024, EEUU tiene
toda la intención de conservar tres importantes bases estratégicas
afganas: Bagram, Shindand (cerca de la frontera iraní) y Kandahar (cerca
de la frontera con Pakistán). Solo los ingenuos terminales podrían
creen que el Pentágono es capaz de abandonar voluntariamente semejantes
puestos avanzados para el monitoreo de Asia Central y de los
competidores estratégicos Rusia y China.
La OTAN, agregó ominosamente Clinton, «expandirá sus capacidades de
defensa para el Siglo XXI», incluyendo el sistema de defensa de misiles
que la Alianza aprobó en su última reunión en Lisboa en 2010.
Será fascinante ver lo que podría significar la posible elección del
socialista François Hollande como presidente francés. Interesado en una
cooperación estratégica más profunda con los BRICS, está comprometido
con el fin del dólar como moneda de reserva del mundo. La pregunta es:
¿Estropeará su victoria los planes de la OTAN, después de estos años
bajo el Gran Liberador de Libia, el neo-napoleónico creador de imagen,
Nicolas Sarkozy, (para quien Francia no es más que mostaza en el
steak tartar de Washington)?
No importa lo que piensen Dr. Zbig o Hillary, la mayoría de los
países europeos, hartos de sus aventuras de agujero negro en Afganistán y
Libia, y con el modo en que la OTAN sirve ahora los intereses globales
de EEUU, apoya a Hollande al respecto. Pero, a pesar de todo, será una
batalla difícil.
La destrucción y derrocamiento del régimen libio de Muamar Gadafi
fue el clímax de la reciente agenda de cambio de régimen de la OTAN en
MENA (Medio Oriente – Norte de África). Y la OTAN sigue siendo el plan B
de Washington para el futuro, por si la red usual de think tanks,
fondos de donación, fondos, fundaciones, ONG, e incluso la ONU, no
logran provocar lo que podría ser descrito como «cambio de régimen
YouTube».
En pocas palabras: después de ir a la guerra en tres continentes (en
Yugoslavia, Afganistán y Libia), de convertir prácticamente el
Mediterráneo en un lago de la OTAN, y de patrullar ininterrumpidamente
el Mar Arábigo, la OTAN se basará, según Hillary, en «una apuesta al
liderazgo y a la fuerza de EEUU, como hicimos en el Siglo XX, durante
este siglo y más allá». Por lo tanto, 21 años después del fin de la
Unión Soviética –la razón de ser original de la OTAN– podría ser la
forma en que termina el mundo; no con un estruendo, sino con la OTAN,
gimoteando, pero cumpliendo todavía su papel de perpetuo Robocop global.
Y volvamos al Dr. Zbig y la idea de EEUU como «promotor y garantía de
la unidad» en Occidente, y como «equilibrio y conciliador» en Oriente
(para lo cual necesita bases desde el Golfo Pérsico hasta Japón,
incluyendo las afganas). Y no olvidemos que el Pentágono nunca ha
renunciado a la idea de lograr la
Full Spectrum Dominance (
Dominación de Espectro Completo, ver significación abajo).
A pesar de toda esa fuerza militar, sin embargo, vale la pena
recordar que estamos claramente ante un Nuevo Mundo (y tampoco será en
Norteamérica). Contra los cañones y las cañoneras, los misiles y los
drones, está la potencia económica. Ahora se libran guerras monetarias.
Los BRICS, China y Rusia, tienen montañas de dinero. Suramérica se une
rápidamente. «Putinator» ha ofrecido a Corea del Sur un oleoducto. Irán
planifica vender todo su petróleo y gas en un canasto de monedas,
ninguna de ellas dólares. China está pagando para expandir su Armada y
su armamento de misiles contra barcos. Puede llegar el día en que Tokio
llegue a comprender que mientras
siga ocupado por Wall Street
y el Pentágono, vivirá en eterna recesión. Incluso Australia puede
llegar a negarse a ser forzada a una guerra comercial contraproducente
con China.
Por lo tanto este nuestro Siglo XXI, se está conformando ahora mismo como
una confrontación entre EEUU/OTAN y los BRICS, con todos los defectos de cada lado. El peligro: que en algún momento se convierta en una
Confrontación de Espectro Completo. Porque no hay que equivocarse, a diferencia de Sadam Hussein o Muamar Gadafi, los BRICS serán realmente capaces de defenderse.
Fuente: Tom Dispatch, 26 de abril de 2012.
Traducido del inglés por Germán Leyens.
[
1]
Full Spectrum Dominance (frase que se puede traducir como
Dominio de Espectro Completo)
es un concepto militar estadounidense elaborado por el Pentágono por el
cual una estructura militar conjunta logra el control sobre todos los
elementos en una futura batalla, sean estos tanto el espacio terrestre,
aéreo, marítimo y de los elementos situados en el espacio.
Full Spectrum Dominance
incluye pues el campo de batalla físicamente, el aire, la superficie,
el subsuelo, así como el espectro electromagnético [control de las ondas
electromagnéticas] y el espacio de la información [propaganda]. Este
control total implica que la libertad o capacidad de defensa del
adversario queda totalmente restringida e inoperante.