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martes 3 de enero de 2012

Perú en el centro de la disputa hegemónica regional

Perú en el centro de la disputa hegemónica regional

La posición estratégica de Perú, como puerta de ingreso y salida del voluminoso comercio entre China y Brasil, pero también como uno de los más importantes países mineros de la región suramericana, ha escalado varias posiciones desde que Ollanta Humala se ciñó la banda presidencial. Brasil apoyó la candidatura de Humala y la alianza, según autoridades brasileñas, no está dirigida contra ninguno de sus vecinos. | RAÚL ZIBECHI.*


Para ofrecer un cuadro más o menos completo de la coyuntura crítica por la que atraviesa el país andino, deben considerarse dos tipos de conflictos: los interestatales y los político-sociales. Los primeros son protagonizados por los dos países cuyos intereses chocan de modo frontal en Perú, o sea Estados Unidos y Brasil. Los segundos enfrentan a los movimientos con el gobierno que ellos mismos ayudaron a elegir.


Brasil apoyó la candidatura de Humala y seguirá apoyando a su gobierno, más allá del conflicto que mantiene con los pueblos y poblaciones. Durante la campaña electoral dos miembros del PT contribuyeron a maquillar la figura del ex militar para hacerla más potable a las clases medias. Pese al reciente viraje a la derecha de Humala en respuesta a la agudización del conflicto social antiminero —despidió a once de sus 17 ministros y abrió las puertas del gabinete a la tecnocracia neoliberal— el país sigue siendo escenario de una aguda disputa geopolítica.


El 23 de diciembre los ministros de Defensa Celso Amorim, por Brasil, y Alberto Otárola, por Perú, firmaron un acuerdo de cooperación militar que convierte a las fuerzas armadas de ambos países en “socios estratégicos” (Afp, 23 de diciembre). El acuerdo apunta a la cooperación “industrial, tecnológica y científica en materia de defensa” y define “los sectores aeroespacial y naval como áreas de prioridad conjunta de inversiones y desarrollo en el campo de la seguridad y la defensa”.
Brasil se comprometió a brindar capacitación, entrenamiento, soporte técnico, logístico y a realizar transferencia de tecnología. Ambas partes consideran que el acuerdo es una medida de “disuasión contra eventuales amenazas externas”.


Para mayor precisión, los ministros enfatizaron que la “alianza estratégica” es defensiva y no está dirigida contra ninguno de los vecinos —Perú mantiene un prolongado contencioso con Chile—.

Amorim afirmó que no está en juego la disuasión entre países de la región, sino enfrentar amenazas “de fuera del continente”, en clara referencia a Estados Unidos.
Humala puede seguir adelante con el proceso de integración regional, estrechar lazos con Brasil y poner distancias con Estados Unidos, y a la vez profundizar el modelo minero multinacional reprimiendo a su pueblo. No hay contradicción.

Brasil apoya la megaminería de la mano de la Vale (la segunda minera del mundo), que tiene varios proyectos en Perú, y sus empresas estatales llevan adelante polémicos emprendimientos hidroeléctricos. La dinámica interestatal y el conflicto de clases van por sendas diferentes, al punto de que un gobierno puede ser muy derechista y tener intereses contrarios a los de Estados Unidos.


Como señaló días atrás el economista Oscar Ugarteche[1], Humala realizó una “masacre política” al expulsar al sector de izquierda del gobierno y alinearse con los empresarios mineros en respuesta al desborde desde abajo que había comenzado en noviembre con la resistencia popular al proyecto minero Conga en Cajamarca.
Forzó la renuncia del gabinete del primer ministro Salomón Lerner; en su lugar designó al general Oscar Valdés y declaró el estado de emergencia en varias provincias de Cajamarca para restablecer el orden frente a las demandas populares. Nada nuevo. La única duda es si estamos ante el primer paso en el proceso de militarización del conflicto social o si la resistencia logrará frenar la escalada derechista.
Los últimos años han sido testigos de un crecimiento sostenido de la resistencia a la megaminería y las grandes obras de infraestructura. Todos los días se producen grandes o pequeñas resistencias, desde la protesta en abril pasado contra el proyecto minero Tía María en Islay (Arequipa) hasta la quema de casetas de peajes en las carreteras, pasando por el masivo levantamiento en abril, mayo y junio en Puno contra la minería, encabezado por los aymaras, que tuvo su punto álgido en la toma de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Juliaca, con un costo de cinco muertos.
Nada indica que la resistencia vaya a ceder, ya que hay más de 90 conflictos mineros esparcidos de norte a sur por la sierra andina peruana. Es una sumatoria de conflictos locales no coordinados, pero sumamente efectivos en su capacidad de estrechar el margen de maniobra de gobiernos y empresas multinacionales, ya que no existe una cabeza centralizada que pueda ser ablandada con represión o cooptación.
“Los pueblos indígenas nos declaramos en movilización permanente para defender nuestros territorios”, afirmó a mediados de diciembre el 22 congreso nacional ordinario de la AIDESEP, la organización indígena amazónica que protagonizó el levantamiento de Bagua en 2008. Es la misma actitud de resistencia que vemos ante la represa de Belo Monte en Brasil, frente a la hidroeléctrica Hidroaysén en la Patagonia chilena, que precedió al conflicto estudiantil, y la misma que encendió la marcha en defensa del TIPNIS en Bolivia.
Los pueblos aún no tienen una alternativa a la megaminería ni a las gigantescas represas hidroeléctricas que en no pocas ocasiones son diseñadas por los mismos que dicen defender el buen vivir, la naturaleza y el medio ambiente. En Perú, y en la región, hay mucho más que gobiernos en disputa. Hay una carrera entre poderosos estados y voraces multinacionales para apropiarse de los bienes comunes.
Y una creciente resistencia de los más diversos abajos para impedirlo, para seguir existiendo como pueblos y, sobre todo, para disputarles el sentido de estar en el mundo, que es mucho más que un “modelo de desarrollo”, porque hace de la existencia algo que merezca ser considerado vida, o sea dignidad, sobre la tierra.
1] Artículo que puede leerse en este portal aquí.
* Periodista.
En www.jornada.unam.mx

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Desarme Regional y Zonas libres de Armas Nucleares

HAITI: MANUAL PARA DESTRUIR UN PAIS




1.Cuando navegando sin saber dónde vas encuentres tierra, afirma que la has descubierto y extermina todos los pobladores.


2.Si exterminados los pobladores no encuentras quien te trabaje gratis, secuestra centenares de miles de africanos y conviértelos en esclavos, hasta tener una proporción de más de ocho esclavos por cada colono.


3.Para amansarlos dáles con el látigo por las espaldas y por la cabeza con una religión que los fuerce a adorar a sus explotadores.

4.Viola a las esclavas y encomienda a los mulatos que nazcan las más espantosas tareas de represión contra sus hermanos.


5.A fin de evidenciarles la superioridad moral de sus amos, entrega el país en 1697 a los filibusteros de La Tortuga al mando del pirata Du Casse.


6.Incrementa la explotación hasta que Haití en 1791 produzca 89.000 toneladas de azúcar, más que Barbados, Jamaica y Cuba juntas, asegurando al mismo tiempo que para los productores la vida más amarga del mundo.


7.Proclama en la metrópoli francesa en 1789 la Libertad, la Fraternidad y la Igualdad, pero cuando lo esclavos se subleven reclamándolas en 1791, envía en 1801 una expedición de 40.000 veteranos para impedir que los haitianos sean tratados como hombres y como ciudadanos.


8.Acepta en 1816 la generosa ayuda de Haití para llevar adelante la Independencia de América Latina, pero olvida invitarla al Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826.



9.Después de que los esclavos sublevados derroten a los 40.000 invasores en 1804, espera hasta 1826 para reconocer su Independencia, a cambio de una indemnización de 150 millones de francos oro a ser pagados, no a los esclavos, sino a sus antiguos amos.

10.Espera a que esa deuda demoledora destruya lo que no devastó la guerra de liberación, y propicia en 1915 una invasión por Estados Unidos que ocupe el país hasta 1934.

11.Durante esa ocupación militar avanza las privatizaciones: Naturaleza privatizada (en 1925 estaba destruido 60% de los bosques, hoy el 98%), sociedad privatizada (80% de pobreza) educación privatizada (52% de analfabetismo) sanidad privatizada (mortalidad infantil de 110 niños muertos por cada mil nacidos vivos) tierra privatizada (el 70% de los campesinos no la posee) seguridad social privatizada (abolidas las pensiones de vejez y el derecho de huelga) privatizados los salarios (dólar y medio diario) beneficios privatizados (los inversionistas extraen 500 % de ganancias) comercio privatizado (el 70% de las exportaciones son para Estados Unidos) privatizadas las islas (fueron entregadas Cayemite y La Tortuga) privatizados los derechos humanos (30.000 opositores desaparecidos en l5 años) sangre privatizada (la compran a 3 dólares el litro y la revenden a 25).

12. Al retirar las tropas, deja el país ocupado por dinastías de dictadores brutales que asesinen a todo el que luche por la mejora del nivel de vida, las reformas sociales o la democracia.

13. Si algún candidato gana elecciones democráticas, apoya un golpe de Estado que lo derribe, lo secuestre y lo exilie.

14. Tras el golpe, privatiza la Minoterie d´ Haití y Ciment d´ Haití, las empresas de harina de trigo y de cemento, y véndeselas a una empresa de Kissinger, para que en caso de emergencia los haitianos no tengan pan ni cemento para reconstruir su país.

15. Si el dictador que exilia al demócrata es depuesto por el pueblo, invade de nuevo Haití con dieciocho buques de guerra, dos portaaviones nucleares, decenas de helicópteros Blackhawk, vehículos blindados y seis mil soldados gritando: "No estamos en guerra; vinimos a restaurar la democracia y suministrar ayuda humanitaria".

16. Restaurado el dictador, deja el país de nuevo ocupado con fuerzas militares de la ONU.

17. Si a pesar de todo un presidente elegido democráticamente y depuesto vuelve del exilio y gana de nuevo las elecciones en 2001, impide la llegada de toda ayuda externa, impón un bloqueo, apoya otro golpe de Estado, secuestra al demócrata y exílialo a Suráfrica.

18. Oculta denuncias como de la Marguerite Laurent, de la Red del Liderazgo Haitiano de Juristas y defensora de Jean Bertrand-Aristide, quien sostiene que "Está probado que Estados Unidos encontró petróleo en Haití hace decenios y debido a las circunstancias geopolíticas de aquella época tomó la decisión de mantener en reserva el petróleo haitiano para cuando se agotara el de Oriente Próximo. Esto está detallado por el Dr. Georges Michel en un artículo fechado el 27 de marzo de 2004, en el que resume la historia de las exploraciones y reservas petrolíferas de Haití, y en las investigaciones del Dr. Ginette y de Daniel Mathurin. También hay evidencias de que esas mismas grandes compañías petroleras estadounidenses y sus interrelacionados monopolios de ingeniería y subcontratistas de defensa hicieron planes, hace decenios, para las aguas de los fondeaderos de Haití, ya fuera para refinerías de petróleo o para desarrollar lugares de almacenamiento o depósitos donde el crudo pudiera ser almacenado y después transbordado a pequeños buques petroleros para suministrar a EE.UU. y a los puertos del Caribe. Esto está detallado en un documento sobre la Dunn Plantation en Fort Liberte de Haití” "(Cintia McKinney: Global Research).

19. Utiliza sin declaratoria de guerra contra el país víctima todo el repertorio de armas sicológicas, químicas, bacteriológicas, virales, climáticas y tectónicas que puedan producir los laboratorios del mal.

20. Cuando el desastre natural se abata sobre un pueblo que ha soportado tantas catástrofes políticas y sociales, ocupa sus aeropuertos y puntos estratégicos con unidades de la IV Flota, de la 82 División Aerotransportada, 20.000 marines armados y 3.500 soldados más de la ONU, para impedir la llegada de socorros, acabar a balazos con aquellos a quienes el sismo no haya exterminado y convertir el país en base militar.
Vuelto así el país inmolado a la esclavitud, no olvides que este Manual es talla única y se aplica a todos los países del mundo, con la única diferencia del turno.

Luis Britto Garcia