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viernes, 24 de febrero de 2012

Honduras, nos aplican la terapia de shock

Honduras

Honduras, nos aplican la terapia de shock


La conmoción y el pavor se apoderan de la población hondureña, hasta el límite de una colectiva coma epiléptica. Y no es para menos. Incendios infernales consumieron, en el lapso de menos de una semana, centenares de vidas humanas encarceladas (en Comayagua, cerca de Palmerola, la base militar norteamericana más importante de Centroamérica) y varios mercados populares (en la zona más populosa del corazón político de Honduras, Tegucigalpa).
 
A más de una semana de la aterradora incineración colectiva, los restos humanos de cerca de 360 presos asesinados en la cárcel, arrumados en bolsas plásticas, se exponen en Tegucigalpa, como una aterradora muestra ejemplar para infundir pánico y colapso psicológico en familiares y vecinos que exigen se les entregue el cuerpo de sus seres queridos.
 
El sábado pasado, mientras familiares de las víctimas e insumisos defensores de derechos humanos denunciaban la masacre carcelaria a mansalva en Honduras, desde diferentes rincones se inició un fuego colosal que convirtió en cenizas a 5 mercados populares de Tegucigalpa, dejando en el peor shock psicológico a más de 20 mil comerciantes, ahora, sin nada que vender e ingentes deudas que pagar.
 
Aprovechando el pánico popular, aparecieron en el lugar de los mercados convertidos en cenizas, el Presidente de Honduras y el Alcalde de la capital, como los mesías redentores prometiendo “ayuda económica inmediata” bajo el slogan de “primero los pobres”.
 
De esta manera, los principales responsables de la masacre carcelaria de Comayagua, limpiaron su imagen y repudio en el conmocionado imaginario colectivo de la teledirigida sociedad hondureña. En instantes los verdugos se convirtieron en redentores populares. Y, para limpiar “con profesionalidad” las evidencias criminales, confiaron las pruebas de los delitos (restos de reclusos, mercados y cárcel en cenizas) a investigadores y militares norteamericanos.
 
Todo hace ver que dicha investigación sólo servirá para que a futuro los delincuentes perfeccionen mejor el crimen y no dejen cuerpos perforados con balas en escenas de “incendios carcelarios”.
 
Doctrina del shock y capitalismo del desastre
 
Cuando uno/a observa el tétrico paisaje hondureño, convertido por sus verdugos en un aleccionador laboratorio del terror, replicable en los insumisos países vecinos de América Latina, desfila por la memoria el contundente contenido del libro de la canadiense Naomi Klein, titulado: Doctrina del Shock, el auge del capitalismo del desastre, publicado en 2008.
 
En dicho libro, la autora sostiene que: “El desastre original- llámese golpe, ataque terrorista, colapso del mercado, guerra, tsunami, o huracán-lleva a la población de un país a un estado de shock colectivo. Las bombas, los estallidos de terror, los vientos ululantes preparan el terreno para quebrar la voluntad de las sociedades  tanto como la música a toda potencia y las lluvias de golpes someten  los prisioneros en sus celdas. Como el aterrorizado preso que confiesa los nombres de sus camaradas y reniega de su fe, las sociedades en estado de shock a menudo renuncia a los valores que de otro modo defenderían con entereza” (KLEIN, 2008:23-24).
 
Esta doctrina es una práctica recurrente del gobierno de los EEUU en América Latina y Medio Oriente. Con esta doctrina, primero se genera el caos, la conmoción colectiva, para convertir a los pueblos en resistencia en tumultos desorientados, asustado y sin deseos de luchar. Una vez que se consigue ese estado de shock psicológico colectivo, se procede a implementar (imponer) las “soluciones” económicas (terapia económica) para los supuestos problemas que generaron el caos. Estas soluciones consisten en la destrucción (achicamiento) del Estado, privatización de los bienes comunes, servicios y empresas públicas. Si la población en estado shock se resiste, entonces, se le aplica la represión-tortura colectiva, como otro remedio añadido. Todo esto se hace en nombre de la “democracia” y  de los “pobres”.
 
Si bien la finalidad de esta doctrina es saquear, mercantilizar y someter el planeta entero al poder de las corporaciones, en el fondo también busca borrar los recuerdos, la profunda memoria colectiva, de los pueblos, para que acepten con docilidad las más inhumanas y matricidas terapias económicas y políticas. Esta doctrina busca anular la capacidad de soñar de las personas. Convertir a los pueblos en harapientos zombis consumistas.
 
¿Cómo se aplica doctrina del shock en Honduras?
 
Lo que está ocurriendo en Honduras no es más que una reiterada aplicación disciplinada de los pasos de la doctrina del shock impuesto por el gobierno de los EEUU.
 
En 2009, ante la ampliación de la frontera rebelde del Sur hacia el Norte, el gobierno de los EEUU defendió incluso con un reiterado golpe de Estado su territorio de portaviones, Honduras. El golpe de Estado, en lugar de amedrentar y causar pánico en la población hondureña, fecundó la fuerza efusiva de resistencia popular sin precedentes en la región, que desafió al poder fáctico bajo la apabullante consigna de: “Nos tienen miedo porque no tenemos miedo”. Así se convirtió Honduras en un país donde se juega no sólo la frontera continental de la dignidad del Sur, sino la efectividad de la terapia del shock colectivo.
 
Si bien, durante y después del golpe de Estado se afianzó el sistema neoliberal en Honduras, hasta el límite de transferir ríos, playas y territorios a las empresas y corporaciones privadas. Sin embargo, la resistencia popular no desapareció. Más al contrario se convirtió en un “mal ejemplo” para la región, y desveló permanentemente la sistemática violación de los derechos humanos en el país, contribuyendo a deslegitimar la falsa imagen democrática y promotora de derechos humanos del gobierno de los EEUU. La consecuencia nefasta más inmediata del shock del golpe de Estado en Honduras fue y es la disolución estatal, desintegración social y la evaporación del sentido de nación.
 
A esta resistencia popular (algunas veces bulliciosa, otras veces silenciosa), que ahora se organiza electoralmente para desafiar en las urnas a las élites ejecutoras de la doctrina del shock, permanentemente se le aplicó y aplica la represión policial-militar como método de intimidación. Pero la resistencia, lejos de desaparecer, continúa fortaleciéndose social y políticamente.
 
Esta inesperada dignidad de un empobrecido y saqueado pueblo en resistencia le enfada al Imperio norteamericano. Pero más enfadados y avergonzados se encuentran sus títeres en el territorio hondureño quienes sienten que más temprano que tarde correrán la misma surte que sus colegas de Bolivia, Ecuador y Venezuela. Por eso, ahora, el imperio del desastre y sus títeres hondureños aplican al país una sobredosis de tortura colectiva recargada, con la finalidad de infundir miedo y acobardar al pueblo en resistencia.
 
¿Cómo entender los últimos dos “incendios”?
 
Veamos en qué circunstancias se ejecutaron los dos últimos actos macabros. El pasado 11 de febrero, el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), en la ciudad de Tegucigalpa, realizó una inesperada y multitudinaria proclama política para participar en las próximas elecciones nacionales, con su propia organización política llamada Libertad y Refundación (Libre). Al tercer día, el 14 de febrero, los criminales ejecutan el macabro crimen colectivo de la matanza en la cárcel de Comayagua.
 
Desde hace algunos meses atrás, los movimientos sociales y organizaciones del FNRP, en su cometido de gritarle al mundo de que “el golpe de Estado continúa vigente en Honduras”, decidieron organizar el primer Encuentro Internacional de Derechos Humanos, nada menos que en Bajo Aguán (lugar donde se materializa la tiranía brutal y asesina de terratenientes en Honduras) entre los días 18 y 20 de febrero. Mientras se realizaba dicho encuentro, con cerca de mil defensores, activistas y comunicadores/as de derechos humanos provenientes de Latinoamérica, Europa y Norteamérica, los criminales incendian los mercados populares de Tegucigalpa para opacar dicho encuentro, y aparecer ellos como redentores de los pobres. De ese modo, el encuentro internacional sobre derechos humanos pasó casi desapercibido en los medios masivos.
 
De esta manera el Imperio del desastre y sus siervos intentan escarmentar al pueblo hondureño en su demanda de la democracia participativa. Pero, en Centroamérica y en la América del Sur del Siglo XXI no existe otro camino que no sea la democracia participativa y comunitaria para vencer en las urnas y desde las casas y calles al Imperio de la muerte. Honduras no caerá presa de la violencia armada fratricida, pero tampoco renunciará a su postergado sueño de transformaciones estructurales mediante una revolución democrática participativa. Honduras no está dispuesta más a seguir siendo la Malinche de Abya Yala, y seguir heredándole la vergüenza continental a sus hijos/as.
 
 


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Que puedo hacer yo..?

Quiero que esta señal de paz y no-violencia se convierta en la expresión de la búsqueda y del anhelo que cada vez más, muchos de nosotros sentimos..

No importa qué explicaciones racionales oímos para justificar la violencia...

Algo nos sugiere que debe haber una forma que genere armonía y esperanza en lugar de desintegración y caos...

A veces ese algo se manifiesta tanto en la historia como en nuestra vida personal...

Ese algo que suavemente empieza a abrirse camino en el interior del ser humano es como una voz distante, como una luz, como la brisa del alba...

Ese sonido es muy difícil de ser oído en nuestro mundo...

Cómo sería posible oír esa voz cuándo vivimos encadenados a un sistema de urgencias económicas, un sistema de relaciones humanas que a veces se contagia de violencia, desesperación, soledad y esperanzas fallidas?.....

¿Cómo podríamos oír esa voz a través de la información manipulada y los falsos valores?...

¿Cómo podríamos oír cuándo los que están en el poder y los líderes morales de grandes religiones encuentran justificaciones o permanecen silenciosos frente al genocidio y las guerras?..

Puedes oír esa voz si superas la violencia, la venganza, el odio y el resentimiento dentro de ti mismo...

Puedes oírla por un instante, cuando el bienestar de los demás se convierte en algo más importante que tú mismo...

Puedes oírla cuando refuerzas la fe en ti mismo, en los que te rodean y en un futuro más humano...

Puedes oírla cuándo sientes una gran bondad, inspiración... o cuando sientes que algo te relaciona con la otra gente...

Resistir

Resistir es decir que no.

No al desprecio. No a la arrogancia. No al trituramiento económico. No a los nuevos amos del mundo. No a los poderes financieros.

No al mercado totalitario. No al libre cambio integral.

No a la hiperproductividad. No a los organismos genéticamente modificados. No a las privatizaciones permanentes. No a la extensión irresistible del sector privado. No a la exclusión. No al sexismo. No a la regresión social. No al desmantelamiento de la seguridad social.

No a la pobreza. No a las desigualdades. No al olvido del Sur. No a la muerte diaria de 30.000 niños pobres. No a la destrucción del medio ambiente. No a la hegemonía militar de una única superpotencia. No a la guerra preventiva.

No a las guerras de invasión. No al terrorismo., No a los atentados contra las poblaciones civiles. No a los racismos.

No al antisemitismo. No a la islamofobia. No a la ideología de la seguridad. No a la vigilancia generalizada. No al espionaje del pensamiento. No a la degradación cultural. No a las nuevas censuras. No a los medios que mienten. No a los medios que nos manipulan.

Resistir también es poder decir que sí.

Sí a la solidaridad entre los seis mil millones de habitantes de nuestro planeta. Sí a los derechos de las mujeres.

Sí a la existencia de una ONU renovada. Sí a un nuevo plan Marshall para ayudar a África. Sí a la erradicación definitiva del analfabetismo. Sí a una ofensiva internacional contra la fractura digital. Sí a una moratoria internacional para la preservación de las culturas minoritarias. Sí a los derechos de los indígenas. Sí a la justicia social y económica.

Sí a un impuesto sobre la venta de armas. Sí a la eliminación de la deuda de los países pobres. Sí a la prohibición de los paraísos fiscales.

Resistir es soñar que otro mundo es posible.
Y contribuir a construirlo.