viernes, 23 de enero de 2026

La fagocitación sistémica de la disidencia a través de internet.

 

La fagocitación sistémica de la disidencia a través de internet.


“No te fíes del villano ni bebas agua del charco.” (Sabiduría popular castellana) El sistema no ha sobrevivido durante tantos siglos por casualidad, sino por el desarrollo y perfeccionamiento de lo que podríamos llamar su capacidad para fagocitar la disidencia, es decir, la capacidad para conseguir que algo que en principio podría representar un peligro para su supervivencia, acabé por integrarse plenamente en su estructura orgánica, convirtiendo lo que parecía una potencial amenaza en un agente benéfico en su desarrollo. En este sentido, internet sería una buena muestra de la capacidad fagocitadora del sistema.


En muchas ocasiones te habrás preguntado: ¿Cómo es posible que permitan a esta o a aquella página web (o a este o a aquel blog) colgar los artículos, audios o vídeos que cuelgan, siendo tan críticos con el sistema como son; o que revelen, como revelan, con todo lujo de detalles y de pruebas, las perversas prácticas del mismo? Sencillamente, porque el trabajo desinteresado de estos blogueros hace aún más fuerte y poderoso al propio sistema: por un lado, procurándole un “nicho de mercado” que no podría conseguir de otra forma, es decir, el de la disidencia; y, por otro, haciendo que con su activismo cibernético crezcan los valores de las acciones del negocio de internet (1).


Dos hechos que como veremos están profundamente interrelacionados. Cuando una persona abre una página web (o un blog), publica artículos de forma regular, consigue que otros los lean, los comenten, los puntúen positivamente o los “reblogueen”, el autor (por muy crítico con el sistema que pueda parecernos) sólo está consiguiendo una cosa: revalorizar el negocio de internet a ojos de los inversores económicos; pues, por muy disidentes que puedan parecernos sus lectores, para aquéllos, éstos sólo son otro espectro de clientes más que consumen un producto: internet.


Esta revalorización hace que aquellos que manejan el negocio de internet (corporaciones privados y estatales) aumenten considerablemente sus ingresos económicos que, a su vez, reinvertirán en descubrir los medios y las técnicas necesarias para conseguir aumentar aún más sus beneficios; entre ellas, las de proteger al Estado y al sistema que tan ricos les han hecho. 

 

Es decir, cuanto más dinero consigan, más medios tendrán de conseguir nuevos clientes o de “enganchar” más a los antiguos, y lo más importante, de fortalecer al sistema que les protege (escuela, políticos, científicos, ejército, policía…).


Los blogueros disidentes y su desinteresado activismo sólo son un medio más de aumentar dichos ingresos.Para poder entender todo esto un poco mejor, veamos un par de ejemplos que ilustran claramente como “pactar con el diablo” tiene sus consecuencias. La iglesia cristiana vio en su pacto con el Estado romano un medio muy oportuno de reclutar nuevas almas para Dios.


Sin embargo, como se ha encargado de demostrar la historia, este pacto sirvió, principalmente, para reclutar cuerpos para el Estado y para engrandecerlo; pues al depender de éste para su supervivencia terrena, la iglesia no sólo ponía a las almas que conquistaba bajo la tutela divina, sino, especialmente, bajo la del Estado. Un pacto que terminará con la desaparición de la propia iglesia (algo que sólo es una cuestión generacional: el tiempo que tarden en morirse los escasos curas que quedan y los pocos fieles que van a misa los domingos), al haber cumplido ya casi plenamente su función.


Otro ejemplo muy parecido al de internet lo encontramos en el uso de armas por parte de algunos grupos disidentes con el fin derrocar al sistema. Muchos han sido los grupos disidentes que pensaron que el uso de las armas podría proporcionarles la victoria frente al sistema, consiguiendo como único resultado que el sistema que pretendían derrocar (basado en la codicia y en el deseo de poder) se hiciera aún más fuerte.


Los fabricantes de armas, gracias a las compras, entre otros, de los disidentes, invirtieron una buena parte de sus ganancias en idear y desarrollar un estado de cosas (un sistema) que siempre les fuera favorable. Los fabricantes de armas sabían (y saben) que para aumentar sus beneficios era necesario invertir primero en la protección de un sistema que les permitiera seguir existiendo; y las compras de los disidentes, paradójicamente, contribuyeron a tal fin. 

 

El permitir en algunos países la ascensión al poder de supuestos disidentes sólo sirvió para que los fabricantes de armas nunca dejaran de ser necesarios (la famosa carrera armamentística que caracterizó a la Guerra Fría es un notable ejemplo de ello).


Internet tiene una cierta similitud con el anterior ejemplo de las armas, pues hace creer erróneamente a quien lo utiliza con fines disidentes que podrá tener algún tipo de posibilidad de derrotar al sistema, cuando con su uso tan sólo pasa a convertirse en un inconsciente y altruista socio del mismo.


Todo esto obedece a una lógica muy simple: los fabricantes de un producto no pueden permitirse la desaparición de un sistema (de ideas y de creencias) que tan grandes beneficios les ha proporcionado, por lo que, como ya he dicho, gran parte de sus ingresos irán siempre destinados a protegerlo y perfeccionarlo. Por todo ello, creer en la idea de transformar el sistema a través de los medios que éste nos ofrece (o como algunos dicen: transformar el sistema desde dentro) no es sólo una utopía, sino una tremenda cuestión de ingenuidad. Cuanto más usemos los medios que el sistema nos ofrece, más poderoso lo estaremos haciendo, pues éstos nunca tirarán piedras contra su propio tejado.


Después de leer estas palabras, algunos podrían tener la sensación de que este sistema, basado, básicamente, en la codicia y en el deseo de poder, es indestructible y que es imposible que pueda ser derrotado algún día en este mundo.


Realmente, desconozco si esto es así, lo único que sé es que no es bueno para el ser humano vivir engañado con falsas esperanzas, pues eso le hace aún más vulnerable ante el sistema.


Con independencia de que el sistema pueda cambiarse o no algún día, o de nuestra mayor o menor capacidad para escapar de todas sus trampas y engaños, creo que lo que realmente importa es hacer todo lo posible para, al menos, No Morir Idiota y alcanzar el más amplio conocimiento del mundo en el que hemos ido a caer. 

 

Quedaría por analizar una última cuestión, y es la de hasta qué punto los disidentes en general (sindicatos, partidos políticos,

asociaciones de diverso tipo) son de utilidad para el sistema, pues su prédica y su “lucha”, al transmitir al resto de las personas la ilusión de que es posible un futuro mejor sobre la tierra, guarda muchas similitudes con la ilusión de la creencia en el paraíso predicada por diversas religiones.


¿No se habrá convertido la prédica de los disidentes en un nuevo opio para el pueblo? Si observamos fríamente, libres de todo fanatismo ideológico, la prédica y la lucha de los disidentes: la búsqueda de un mundo donde reine el bien sobre el mal, donde desaparezca la codicia y el ansia de dominación sobre los demás, donde por fin se haga justicia a los oprimidos…, nos daremos cuenta que las consecuencias finales de todo ello no son muy diferentes a las provocadas por la creencia en la vida después de la muerte profesada por algunas religiones, pues, tanto en un caso como en otro, su única base consiste en la fe que sean capaces de desplegar aquellos a quienes va dirigido su mensaje, no en ningún hecho demostrable por la experiencia; es decir, la opiácea esperanza en un mundo feliz evita que las personas tomen plena consciencia del mundo real en el que les ha tocado vivir, lo cual (como pasa con todo engaño) sienta las bases para que el individuo sea fácilmente manipulable.


Al sistema le interesa la existencia de esta disidencia para que disemine la ilusión (la creencia) de que el mundo puede llegar a ser algún día un lugar paradisiaco, evitando así que la gente se atreva a mirar y ver la realidad tal y como es (2).


Esto mantiene al rebaño cohesionado, en orden, trabajando por un objetivo común, y evita que los individuos se dediquen a su propia liberación personal, algo que, de ser llevado a la práctica de forma mayoritaria, supondría el tan temido caos para los pastores de ayer y de hoy, o lo que es lo mismo, el principio del fin de la esclavitud para nosotros, el fin de la última ilusión. 

 

NOTAS: (1) Internet es sólo un negocio que obedece a una sencilla lógica empresarial: que cada vez sea mayor el número de usuarios y que éstos lo utilicen cada vez más.

Poco o nada le importan a internet los contenidos, lo importante es que no deje de consumirse y que este consumo vaya en aumento. Mientras esta situación de dependencia de la mayoría hacia una minoría subsista, el sistema estará a salvo.

(2) El lema YES WE CAN (SÍ PODEMOS) de la campaña electoral del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en el año 2008, y el lema Make America Great Again ( Que Estados Unidos vuelva a ser grande ) de la campaña electoral del presidente de los Estados Unidos , Donald Trump en 2016 «  formaría parte de esta necesidad que tiene el sistema de ilusionar a la gente para la consecución de sus objetivos. 

El SubChe para Editions Mariquita  

 

 



EEUU y Europa Interpretan Deliberadamente de Forma Errónea Las Leyes Marítimas Para Justificar Sus Actos de Piratería

 

Estados Unidos y las potencias europeas están sentando un precedente peligroso y sin fundamento legal, que están malinterpretando deliberadamente el derecho marítimo internacional para justificar lo que solo puede describirse como piratería patrocinada por el Estado. Las últimas escaladas provienen principalmente del Reino Unido, con otros estados europeos implicados, que probarden la idea de confiscar barcos en alta mar simplemente porque son propiedad rusa o afiliados a la llamada “flota en la sombra” y que EE. UU. roba petroleros cada dos semanas.

 

Este patrón de inventar justificaciones legales, ya sea por mala interpretación o utilizando sus leyes nacionales como derecho internacional para el robo, no es nuevo. La reciente incautación del petrolero Marinera, con bandera rusa, ha desencadenado esta nueva ola de expectación, con los medios y gobiernos occidentales continuando la construcción de una narrativa de una “flota en la sombra” involucrada en actividades ilícitas para sentar las bases de nuevas incautaciones.

 

Fabricación de Consentimiento Mediante Legalidad Fabricada

 

Los medios occidentales se han convertido en un brazo de relaciones públicas para esta ilegalidad, repitiendo sin crítica las afirmaciones del gobierno occidental. Titulares como “El Reino Unido puede detener legalmente a un petrolero de flota en la sombra, creen los ministros” presentan la creencia ministerial como autoridad legal. El término “flota en la sombra” es un concepto fabricado, creado por potencias occidentales y repetido hasta que se acepta como un fenómeno real, enmarcando así a los barcos objetivo como inherentemente ilegales o clandestinos. La falacia jurídica central es la suposición de que la legislación interna del Reino Unido o de la UE, como la Ley de Sanciones y Lucha contra el Blanqueo de Capitales de 2018, se aplica a no ciudadanos y aguas no territoriales. Esto supone una violación fundamental de la soberanía estatal, ya que un tribunal estadounidense no tiene jurisdicción ni en Venezuela ni en Irán, y la ley británica no tiene autoridad sobre los barcos rusos, iraníes o venezolanos.

 

Cuando se impugna, el argumento legal cambia y empiezan con reclamaciones de banderas o papeleo indebidos, para luego convertirse en acusaciones de “actividad hostil” o “evasión de sanciones”. La propia Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), el marco de regulación, no proporciona ninguna base para tales incautaciones. El artículo 92 permite a los barcos cambiar de bandera mediante una transferencia de propiedad o registro, una práctica común y legal. Así, según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), un buque puede cambiar su bandera durante un viaje o en puerto en caso de una transferencia real de propiedad o un cambio de registro. Además, el Artículo 110 otorga a los buques de guerra un “derecho de visita” limitado en alta mar solo bajo condiciones específicas, sospecha de piratería, comercio de esclavos, radiodifusión no autorizada o si un barco es apátrida. Incluso si un barco fuera apátrida, la convención solo permite la inspección, no la incautación o arresto, y si dichas sospechas no tienen fundamento, el estado de abordaje debe compensar al barco por cualquier pérdida.

 

Una Escalada Hacia el Caos Marítimo

 

Los funcionarios occidentales no están utilizando la CONVEMAR; de hecho, están invocando una «base jurídica» de la legislación nacional, a sabiendas de que carece de validez internacional. El Secretario de Defensa del Reino Unido ha hablado abiertamente sobre el uso de fuerzas especiales para asaltar y asaltar petroleros, con la posibilidad de vender el petróleo incautado para financiar a Ucrania. Este plan ignora que dicho petróleo es propiedad adquirida, y que venderlo equivaldría a tráfico de bienes robados, lo que daría lugar a años de litigio.

 

Estados Unidos ha argumentado que las interdicciones y incautaciones de buques que eluden sanciones son un componente legal y necesario para hacer cumplir objetivos sólidos de seguridad nacional y política exterior. Funcionarios estadounidenses sostienen que tales acciones, a menudo llevadas a cabo bajo autoridades legales nacionales como la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), son medidas dirigidas para interrumpir fuentes de ingresos ilícitas que financian agresiones, terrorismo y actividades que amenazan la estabilidad global. Estas medidas no se presentan como piratería, sino como la defensa del “orden internacional basado en reglas” al responsabilizar a actores malintencionados donde organismos multilaterales como el Consejo de Seguridad de la ONU están bloqueados. Estados Unidos ha atacado y confiscado recientemente envíos principalmente vinculados a Irán, con el objetivo de hacer cumplir las sanciones petroleras, y de forma similar ha atacado embarcaciones implicadas en el contrabando de petróleo para Corea del Norte. Las operaciones también se han centrado en envíos desde Venezuela, con el objetivo de reducir los ingresos del gobierno chavista.

 

Mientras acusan falsamente a Rusia, Irán y otros de violar la ley marítima, Estados Unidos y Reino Unido son quienes secuestran activamente barcos. Mientras fingen indignación por posibles disputas fronterizas, están robando activos soberanos en lo que respecta a los activos rusos congelados del oro venezolano robado que posee el Reino Unido. Si cada Estado adoptara este principio de incautar buques basándose en sus propias definiciones unilaterales, el comercio marítimo global colapsaría en el caos.

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Miguel Santos García es un escritor y analista político puertorriqueño que escribe principalmente sobre la geopolítica de los conflictos neocoloniales y las guerras híbridas en el contexto de la cuarta revolución industrial, la nueva guerra fría en curso y la transición hacia la multipolaridad. Visite su blog aquí.

Es investigador asociado del Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG).

 

Si La Industria Petrolera Venezolana Pudiera Reactivarse Fácilmente Como Trump Cree, China Ya Lo Habría Hecho

 

A pesar de la dinámica política tras la detención de Nicolás Maduro el 3 de enero, que pretendía abrir camino a una toma total del sector energético venezolano, la industria petrolera estadounidense sigue siendo reticente. Las élites petroleras estadounidenses, cuyo apoyo se esperaba como piedra angular de cualquier plan para Venezuela, son escépticas respecto al impulso de la administración para hacer posible esta empresa. Su reticencia proviene de una evaluación de la dificultad, los riesgos y los costes implicados en la reconstrucción de la industria petrolera venezolana.


Estados Unidos, a pesar de utilizar las sanciones como su principal herramienta para debilitar a Venezuela e influir en el cambio político, no ha articulado un plan claro o integrado para la industria petrolera del país. Aunque levantar amplias sanciones económicas sería un primer paso necesario hacia una rehabilitación seria —desbloquear el acceso a las finanzas internacionales, la tecnología y los mercados— tal medida sigue siendo hoy en día un engaño retórico más que una realidad.

 

Además, Venezuela posee vastas reservas de crudo pesado y ácido, caro y técnicamente difícil de extraer y refinar. Décadas de sabotaje económico, agravadas por años de sanciones que asfixiaron inversiones y repuestos, han dejado la infraestructura en un estado de colapso casi total. La mera retórica sobre el potencial del sector no constituye una estrategia para su reconstrucción multimillonaria y de una década.

 

Si existiera un camino sencillo y rentable para reactivar rápidamente la industria petrolera venezolana, China —con su inmenso capital, tecnología e intereses creados— ya habría tenido éxito. El hecho de que no lo haya hecho muestra la naturaleza profunda y estructural de la crisis. Demuestra que los principales obstáculos no son solo la ideología política o las sanciones estadounidenses, sino fracasos institucionales profundos que ni siquiera el actor externo más motivado puede superar fácilmente.

 

China posee una enorme capacidad financiera, habiendo concedido más de 60.000 millones de dólares en préstamos a Venezuela a través de su iniciativa de la Franja y la Ruta. Sus compañías petroleras nacionales, como CNPC y Sinopec, poseen una profunda experiencia técnica en proyectos petroleros pesados complejos similares a los del cinturón del Orinoco en Venezuela. Además, China ha demostrado el conocimiento logístico e ingeniero necesario para ejecutar grandes proyectos de infraestructura en todo el mundo. A pesar de esta combinación única de capital, tecnología y experiencia, las empresas chinas no han querido catalizar una recuperación en Venezuela.

 

Y, en cambio, la estrategia de China ha sido principalmente la de “deuda por petróleo“, comprometiendo más de 60.000 millones de dólares en préstamos garantizados por futuros envíos en lugar de asumir el control operativo directo de los campos y operaciones. Las compañías petroleras nacionales chinas, que enfrentan facturas impagadas, problemas operativos y riesgos extremos, se han centrado en recuperar la deuda existente en lugar de financiar una recuperación total.

 

El capital físico y humano necesario para una recuperación es igualmente abrumador, ya que las décadas de sanciones económicas, guerra, infrainversión y mala gestión han dejado la infraestructura en un estado de profunda decadencia. La reconstrucción requiere no solo capital, sino un ecosistema funcional de mano de obra cualificada, seguridad, socios estables y un marco legal fiable, todo lo cual escasea. Y las sanciones continuas de Estados Unidos complican aún más el acceso a tecnología y financiación vitales, añadiendo costes y riesgos legales a cualquier proyecto importante.

 

Incluso con un gobierno teórico proestadounidense en Caracas —algo que aún no sabemos que exista con Delcy Rodríguez—, el sector se considera estructuralmente ininvertible en un futuro previsible. Años de gestión catastrófica, desmantelamiento de activos y mantenimiento diferido han dejado infraestructuras físicas en ruinas, mientras que una cultura de corrupción y opacidad legal sigue profundamente arraigada. La futura volatilidad política y la amenaza de que los acuerdos contractuales o los derechos de propiedad puedan ser revocados por un gobierno posterior crean una barrera insuperable. Para las empresas estadounidenses, la inversión necesaria —decenas de miles de millones de dólares durante una década sin garantía de estabilidad o retorno— es simplemente demasiado grande. Ven oportunidades mucho más seguras y rentables en otros lugares, desde la zona de esquisto estadounidense hasta otras cuencas globales, lo que convierte la adquisición de la industria petrolera venezolana en una apuesta peligrosa que no están dispuestos a asumir.

 

Sin embargo, la experiencia china demuestra lo contrario, ya que demuestra que ningún factor externo puede evitar tan fácilmente el colapso político y económico de Venezuela, y aún más con las sanciones aún en vigor. Cualquier recuperación futura será lenta, más cara y mucho más condicionada a la estabilidad interna de lo que sugieren las previsiones optimistas de Trump.

 

¿Se quedarán Estados Unidos sin hacer nada más en el petróleo?

 

Esta aparente falta de un plan de reurbanización coherente ha llevado a muchos observadores a cuestionar si Estados Unidos siquiera tiene una estrategia para reactivar plenamente la producción venezolana. Como una industria petrolera venezolana en resurgimiento, con el tiempo, introduciría volúmenes significativos de crudo en el mercado global, actuando como competidor directo de las exportaciones estadounidenses de esquisto. Además, un aumento de la oferta ejercería una presión a la baja sobre los precios globales del petróleo, lo que entra en conflicto con los intereses de la influyente industria petrolera estadounidense y que depende de un entorno estable y relativamente alto para justificar sus propias operaciones intensivas en capital. En consecuencia, la política estadounidense puede estar diseñada intencionadamente para mantener el petróleo venezolano en un estado de abandono controlado —suficientemente contenido y bloqueado— para limitar su utilidad geopolítica a adversarios como Rusia o China, pero no tan reactivado como para socavar los intereses económicos y energéticos estadounidenses.

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Miguel Santos García es un escritor y analista político puertorriqueño que escribe principalmente sobre la geopolítica de los conflictos neocoloniales y las guerras híbridas en el contexto de la cuarta revolución industrial, la nueva guerra fría en curso y la transición hacia la multipolaridad. Visite su blog aquí.

Es investigador asociado del Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG).



La reorganización del mundo

 

Se da por sentado que este es el mapa del mundo según lo acordado en el encuentro de Anchorage, el 15 de agosto de 2025. Como vemos, está dividido en tres zonas de influencia, que aparecen indicadas de manera general y que pudieran estar siendo aún objeto de una negociación tendiente a delimitarlas con más precisión. 

 

Estamos viendo la reorganización del mundo según la reunión que los presidentes Putin y Trump sostuvieron en Anchorage (el 15 de agosto de 2025), el alto al fuego acordado en Gaza (el 10 de octubre de 2025) y la operación Absolute Resolve en Venezuela (el 3 de enero de 2026). Ahora está claro que los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin se repartieron el mundo en Alaska. El reparto tendrá que ser avalado durante el próximo encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping.

La única información disponible es el mapa publicado por el analista ruso Andrei Martyanov. En ese mapa, el mundo aparece divido en tres zonas de influencia, lo cual no contradice el principio de un mundo multipolar. El derecho internacional primitivo –me refiero al que existía antes de la guerra fría–resuelve sólo algunos problemas y concede a los Estados la posibilidad de hacer lo que quieren dentro de los límites que ellos mismos se han fijado con la firma de tratados.

En mi última crónica expliqué que, al contrario de lo que todo el mundo afirma, si bien Estados Unidos cometió un crimen al secuestrar al presidente venezolano Nicolás Maduro, a la luz de las reglas anteriores, también podría decirse que no fue así ya que nunca se había comprometido a no hacerlo. Esta realidad puede parecernos chocante, pero eso no cambia la cuestión de fondo. En lo adelante, tendremos que funcionar según esa realidad.

Hasta ahora, el mundo estaba gobernado por los G5, G6, G7, G8, etc., un sistema que hasta ayer se componía de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y la Unión Europea.

La desaparición de esa estructura marca el fin de los imperios británico y francés. Francia tendrá que descolonizar Nueva Caledonia y la Polinesia; Estados Unidos tendrá que descolonizar Samoa, Guam y las Islas Vírgenes estadounidenses; Nueva Zelanda tendrá que descolonizar Tokelau; y Reino Unido tendrá que descolonizar Anguila, las Bermudas, las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán, las Malvinas, Gibraltar, Monserrat, Santa Elena y las Islas Turcas y Caicos. Eso tendría que concretarse muy rápidamente si Francia, Reino Unido y Nueva Zelanda quieren conservar algún tipo de presencia en sus antiguas colonias.

Es probable que se produzca una descomposición del Commonwealth. Como mínimo, sus miembros abandonarán su ciudadanía compartida.

El G7 se verá reemplazado por un C4 o un C5, conformado por China, Estados Unidos, la India y Rusia –el presidente Trump espera incluir a Japón [1] pero es posible que este último país no sea admitido, debido a sus declaraciones belicistas. China rechaza el ascenso del militarismo imperial nipón y el negacionismo del gobierno de Sanae Takaichi, así como su aspiración a controlar los microprocesadores de Taiwán y sus investigaciones sobre las tierras raras.

Teniendo en cuenta el poderío de cada una de ellas, las 4 principales potencias mundiales podrán hacer su voluntad en todos los asuntos no definidos por el derecho internacional –como Estados Unidos en el caso de Venezuela.

Varias alianzas regionales permitirán que algunas potencias secundarias desempeñen un papel importante.

No entraré a analizar el caso de la OTAN, que va a disolverse a mediados de 2027, o antes, dependiendo de la cuestión del traspaso de Groenlandia entre Dinamarca y Estados Unidos. Las protestas de algunos de sus miembros europeos serán inútiles en la medida en que no van a declararle la guerra a Estados Unidos, como tampoco van a declararle la guerra a Rusia.

La alianza AUKUS –entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos– tampoco logrará sobrevivir a la repartición del mundo.

También está llamada a desaparecer la Unión Europea. El show de Ursula von der Leyen con la firma del acuerdo de libre comercio UE-MERCOSUR sólo precipita su caída: los pueblos de Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría acaban de darse cuenta de que esa burocracia no defiende sus intereses, sino que sacrifica sus campesinos a las necesidades de la industria alemana.

Varias estructuras se encargarán del relevo: la Fuerza Expedicionaria Inter-ejércitos (JEF o Joint Expeditionary Force), una OTAN en miniatura encabezada por el Reino Unido, en la que se cuentan Dinamarca, Finlandia, Estonia, Islandia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Suecia y Noruega. Es probable que Ucrania se una a esa fuerza, mientras que Islandia se uniría a Estados Unidos –después de la cesión de Groenlandia. Al igual que Canadá y Groenlandia, Islandia se halla en la plataforma continental norteamericana, lo cual explica el “apetito” estadounidense.

Por su parte, Bulgaria, Finlandia, Letonia, Lituania, Polonia y Suecia ya han conformado una “alianza del frente oriental”, pero no parece seguro que esa nueva organización logre mantenerse ya que carece de presupuesto y de secretariado.

Esas alianzas militares estarán “emparejadas” con coaliciones políticas, siguiendo el modelo de la Unión Europea y la OTAN. La principal est la “Iniciativa de los Tres Mares”, en la que ya se reúnen Austria, Bulgaria, Croacia, Estonia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia y Chequia. Esta agrupación apunta a reeditar la medieval República de las Dos Naciones o el proyecto de la Federación Miedzymorze (Intermarium) del mariscal polaco Jozef Pilsudski (1867-1935), o sea crear una federación situada entre Alemania y Rusia. Se trata de un proyecto polaco, defendido por el presidente Karol Nawrocki, del partido Derecho y Justicia, mientras que el primer ministro polaco Donald Tusk, de la Coalición Cívica, milita por la “alianza del frente oriental”.

En el Medio Oriente, la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán terminó gracias a la mediación china de 2023, pero se ha visto reemplazada por una rivalidad entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que ya se ha expresado en Yemen y en Sudán. Sauditas y emiratíes, que hace sólo 4 años eran los mejores amigos, hoy son rivales absolutos. Arabia Saudita trata formar una alianza con Pakistán, Turquía, Egipto y Somalia, mientras que Emiratos Árabes Unidos, que ya ha forjado alianzas militares con facciones sudanesas, libias y somalíes, se acercaría un poco más a Israel y trataría de atraer a Etiopía.

En África, la Alianza de los Estados del Sahel (AES) –Burkina Faso, Mali y Níger– es la única alianza militar regional y contaría con el apoyo de China y Rusia.

En América Latina, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) [2] ha dejado de funcionar y se está formando, por el contrario, alrededor de Argentina y Chile, una coalición de países que cuenta con el apoyo de Estados Unidos.

China, la India y Rusia mantienen la voluntad de preservar las Naciones Unidas. Sabiendo eso, el presidente estadounidense Donald Trump ha renunciado a abandonar la ONU. Es importante entender que gran parte de lo que la ONU había construido tendrá que desmantelarse para adaptarlo al derecho internacional. Porque, a pesar de lo que lo que solíamos creer, las Naciones Unidas no son el derecho internacional.

Por Thierry Meyssan 

Fuente :  https://www.voltairenet.org/article223530.html

 

 

 

“Consejo de Paz”: La ausencia más evidente es la del actor más crucial: los palestinos.

 

por Li Zixin

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó el martes con imponer aranceles del 200% a los vinos y champanes franceses después de que el presidente francés, Emmanuel Macron, se negara a unirse a su "Consejo de Paz" sobre Gaza, según informes de los medios. 

 

El llamado Consejo de Paz forma parte de un plan de paz de 20 puntos propuesto por Estados Unidos para poner fin al conflicto israelí-palestino en la Franja de Gaza. Según el borrador de los estatutos de este consejo, estará presidido por Trump. La membresía se realizará por invitación del presidente, quien tendrá un importante poder de decisión sobre mandatos, renovaciones y revocaciones. Lo que conmocionó aún más a la comunidad internacional fue que el plan estadounidense fijó abiertamente el precio de los "asientos permanentes" del consejo en mil millones de dólares cada uno. Este acto de "privatización" de los asuntos internacionales y "mercantilización" de la paz regional no sólo viola la voluntad del pueblo palestino, sino que también plantea un gran desafío al sistema de gobernanza internacional y a las normas de conducta vigentes.

 

El actual conflicto israelí-palestino ha durado casi 30 meses, y la crisis humanitaria en Gaza continúa agravándose. El deseo de la Casa Blanca de crear un "Consejo de Paz" tiene como objetivo principal demostrar la influencia estadounidense sobre la situación en Gaza. Sin embargo, esta institución, supuestamente responsable de la paz en Gaza, es un producto típico de la "diplomacia transaccional". La lista de candidatos está repleta de políticos estadounidenses y sus allegados, pero... El actor más crucial –los palestinos– brilla por su ausencia. Esta ausencia ha provocado duras críticas de la comunidad internacional, que llega incluso a sugerir que revela la naturaleza "colonial" de la institución, que intenta definir en secreto el futuro de Gaza sin el consentimiento del pueblo palestino.

 

Aún más impactante es la oferta explícita de la Casa Blanca de un "asiento permanente" por mil millones de dólares. Esta iniciativa reduce la solemne causa de la paz internacional a un juego de azar. El futuro de Gaza no debería ser una mercancía; bajo la influencia del capital y las ambiciones hegemónicas, será difícil que el país alcance una paz genuina.

 

A juzgar por la propuesta de estatuto del "Consejo de Paz", Es poco probable que este mecanismo resuelva la crisis actual e incluso puede empeorar el panorama político de Oriente Medio. En primer lugar, no está haciendo de la inminente crisis humanitaria en Gaza una prioridad, y en cambio favorece las operaciones de reconstrucción posguerra.

 

En segundo lugar, este consejo obstaculiza gravemente una solución integral y justa al conflicto israelí-palestino. El plan de paz para Gaza, liderado por Estados Unidos, no solo elimina el papel político de la Autoridad Palestina en Gaza, sino que también establece un supuesto Consejo de Paz controlado por fuerzas externas y situado por encima del comité tecnocrático palestino. En esencia, esto sustituye la gobernanza soberana por la interferencia externa, socavando así las bases políticas de la solución de dos Estados. De este modo, Estados Unidos priva a los palestinos de su derecho fundamental, como Estado, a gestionar sus propios asuntos, dividiendo aún más la Franja de Gaza de Cisjordania y haciendo aún más inalcanzable una paz justa y duradera.

 

En tercer lugar, este desarrollo ha afectado gravemente al sistema de gobernanza global. La crisis actual en Gaza ilustra crudamente el caos que reina cuando la fuerza impone la ley. Si se pueden comprar puestos en los organismos de paz y si las grandes potencias pueden imponer arbitrariamente sus propios sistemas al margen del orden internacional existente, la equidad del orden internacional de posguerra se verá comprometida. Este modelo de "gobernanza de club" reduce el derecho internacional a un contrato privado entre grandes potencias, sumiendo al mundo nuevamente en la ley del más fuerte.

Para resolver verdaderamente el conflicto israelí-palestino, es imperativo volver a un orden internacional justo y equitativo. Cualquier acuerdo relativo a la gobernanza de Gaza después de la guerra debe discutirse en el marco de las Naciones Unidas y respetar plenamente el principio fundamental de que "los palestinos gobiernan Palestina". Una verdadera paz debe basarse en la solución de dos Estados y en la restauración de los derechos legítimos del pueblo palestino, y no en un “pequeño grupo” formado por acuerdo con una potencia hegemónica.

La comunidad internacional debe ser cautelosa ante la peligrosa tendencia a anteponer los juegos geopolíticos al derecho internacional y garantizar que la reconstrucción de Gaza sea una reconstrucción de la justicia y no una extensión de la hegemonía.

fuente: Tiempos globales vía China más allá del muro


Descifrar el “pensamiento interno exteriorizado” de Trump sobre Irán

 

Las revueltas orquestadas desde el exterior en las últimas semanas en Irán han desaparecido casi por completo. Sólo hay manifestaciones masivas en apoyo del Estado


Las revueltas orquestadas desde el exterior en las últimas semanas en Irán han desaparecido casi por completo, después de que Irán bloqueara las llamadas internacionales, cortara las conexiones internacionales a Internet y, lo que es aún más significativo, interrumpiera las conexiones satelitales Starlink.

En la última semana no se han registrado disturbios, revueltas ni protestas en ninguna ciudad iraní. No hay nuevas denuncias, sino más bien manifestaciones masivas en apoyo al Estado. Los vídeos que siguen circulando son en su mayoría antiguos y, según se informa, difundidos desde dos centros principales fuera de Irán.

Para comprender el contexto de los acontecimientos actuales en Irán, es necesario recordar lo que afirmó el pasado mes de julio el comentarista estadounidense y biógrafo de Trump, Michael Wolff, sobre la opinión de Trump en relación con los inminentes ataques a las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Fordow, Natanz e Isfahán en Irán:

    He hecho muchas llamadas telefónicas, así que creo que tengo una idea del camino que ha llevado a Trump a la situación actual [con los ataques a Irán]. Las llamadas telefónicas son una de las principales formas en que trato de entender lo que piensa (uso el término «pensar» en sentido amplio).

    Hablo con las personas con las que Trump ha hablado por teléfono. Quiero decir, todo el pensamiento interno de Trump es externo y se manifiesta en una serie de llamadas telefónicas constantes. Y es bastante fácil de seguir, porque les dice lo mismo a todos. Así que es esta repetición continua...

    En esencia, cuando los israelíes atacaron Irán [13 de junio], él se mostró muy entusiasmado y sus llamadas telefónicas eran todas repeticiones de un único tema: ¿ganarán? ¿Es una victoria? ¿Se ha acabado? ¡Son [los israelíes] tan buenos! Es realmente un espectáculo».

El impacto de la interrupción de los contactos entre los manifestantes y sus controladores externos fue inmediato y pone de relieve que los disturbios nunca fueron espontáneos, sino que se planificaron con mucha antelación.

La represión de la violencia extrema practicada por una afluencia de alborotadores bien entrenados, junto con la detención de los cabecillas, ha quebrado el pilar fundamental de esta iteración de la estrategia de cambio de régimen estadounidense-israelí.

La estrategia de la CIA y el Mossad se basó en una serie de sorpresas planificadas para desestabilizar a Irán y desorientarlo.

La sorpresa funcionó inicialmente para el ataque furtivo lanzado por EEUU e Israel contra Irán el 13 de junio. La «conmoción» se basó en una red de agentes secretos infiltrados por el Mossad en Irán durante un largo período de tiempo. Estos pequeños equipos secretos lograron infligir daños sustanciales a las defensas aéreas de corto alcance iraníes, utilizando pequeños drones de contrabando y armas antitanque Spike.

Este sabotaje interno estaba pensado como trampolín para un desafío israelí a todo el sistema de defensa aérea iraní. Para el IRGC, los ataques parecían haber surgido de la nada. Provocaron conmoción y obligaron a las defensas aéreas del IRGC iraní a adoptar una posición defensiva hasta que pudieron comprender e identificar el origen del ataque. A continuación, se ordenó a los sistemas de radar móviles que se retiraran a la enorme red de túneles de Irán por motivos de seguridad.

La activación del tercer sistema de defensa aérea global no podía proceder con seguridad hasta que se eliminara la amenaza a estos recursos de radar móviles.

Este sabotaje inicial permitió a Israel enfrentarse al sistema de defensa aérea integrado iraní que, aunque mantenía su posición defensiva, operaba a capacidad reducida. En ese momento, Israel entró en el conflicto utilizando misiles aerobalísticos lanzados desde el aire desde posiciones seguras fuera del espacio aéreo iraní.

Como solución rápida, se desactivó la conexión a Internet de la red de telefonía móvil iraní para interrumpir la conexión con los operadores ocultos que proporcionaban datos de objetivos a las estaciones de lanzamiento de drones locales a través de la red de telefonía móvil iraní.

El ataque del 13 de junio, concebido para derrumbar lo que se había definido como un «castillo de naipes» del Estado iraní, fracasó, pero posteriormente dio lugar a la «guerra de los 12 días», que también fracasó. El régimen de Netanyahu se vio obligado a pedir a Trump que negociara un alto el fuego tras cuatro días de múltiples ataques con misiles iraníes.

La siguiente fase del proyecto de «cambio de régimen» entre EEUU e Israel tenía un modelo muy diferente, basado en un antiguo «manual» destinado a reunir e incitar a multitudes y desatar una violencia extrema. Comenzó el 28 de diciembre de 2025 y coincidió con la reunión entre Netanyahu y Trump en Mar-a-Lago. Una venta al descubierto del rial (probablemente orquestada desde Dubái) hizo que el valor de la moneda se desplomara entre un 30 % y un 40 %.

La devaluación amenazaba la actividad de los comerciantes (el bazar). Como es comprensible, protestaron. (La economía iraní no se ha gestionado bien durante algunos años, lo que ha aumentado su enfado).

Los jóvenes iraníes también consideraban que esta mala gestión económica los había expulsado de la clase media hacia una relativa pobreza. La caída del valor del rial se sintió ampliamente.

Los bazaaris protestaban contra la repentina alteración del statu quo económico, pero fueron utilizados por EEUU e Israel como medio para propagar reivindicaciones más amplias.

La «sorpresa» en este capítulo del manual del cambio de régimen fue la incorporación de alborotadores profesionales en lugares indicados por sus controladores externos.

El modus operandi consistía en reunir a los insurrectos armados en una zona urbana muy concurrida, normalmente en una ciudad pequeña, elegir a un transeúnte al azar para golpearlo salvajemente, mientras las mujeres lo filmaban y gritaban a la multitud que se había reunido que «lo mataran, lo quemaran».

La multitud, sin comprender, se calienta y se vuelve violenta. Llega la policía y, en ese momento, se disparan tiros, generalmente desde un punto elevado con respecto a la multitud, contra la policía o las fuerzas de seguridad. Estas últimas responden al fuego y, sin saber de dónde provienen los disparos, matan a los «manifestantes» armados y a algunos miembros del público. Así se desata una violenta revuelta.

Las técnicas son eficaces y profesionales. Se han utilizado en muchas otras ocasiones en otros países.

La solución iraní ha sido doble: en primer lugar, gracias al apoyo de los servicios secretos turcos, muchos de los combatientes kurdos armados (entrenados y armados por EEUU e Israel) han sido muertos o detenidos mientras cruzaban la frontera para llegar a las zonas de Irán con mayoría kurda, procedentes de Siria y Erbil.

Pero el factor determinante fue la interrupción de las conexiones Starlink a las aproximadamente 40 000 terminales satelitales introducidas clandestinamente en Irán (muy probablemente por ONG occidentales).

Los servicios secretos occidentales consideraban que Starlink era imposible de bloquear, de ahí su posición privilegiada entre las herramientas para un cambio de régimen. La interrupción de Starlink ha cambiado la situación. Las revueltas se han desvanecido. Y el Estado ha reaccionado. No ha habido deserciones del ejército, del IRGC o de los Basij. El Estado permanece intacto y sus defensas se han reforzado.

¿Y ahora qué pasará? ¿Qué puede hacer Trump? Su hipotética intervención se basaba en la narrativa de que «el régimen estaba masacrando al pueblo», en medio de «ríos de sangre». Eso no ha ocurrido. Al contrario, ha habido manifestaciones masivas de apoyo a la República.

Bueno, Michael Wolff se ha puesto en contacto con sus fuentes en la Casa Blanca: «He vuelto a hablar con las personas con las que hablo en la Casa Blanca para revisar el tema».

Wolff informa de que la idea de una nueva ronda de ataques contra Irán parecía haber cobrado fuerza entre sus interlocutores a finales del verano y principios del otoño. El punto de partida era que Trump estaba «entusiasmado» con el resultado de su tímido ataque de junio contra las instalaciones de enriquecimiento de uranio iraníes: «Funcionó; funcionó de verdad», repitió Trump muchas veces intentando convertirlo en una realidad.

Pero en otoño, Trump empezó a darse cuenta de que tendría que librar una dura batalla en las elecciones de mitad de mandato. Empezó a decir:

    «Si perdemos [la Cámara], podríamos estar acabados; acabados; acabados».

Y Trump continuaba --con cierta conciencia--, dice Wolff, citando los problemas a los que «ellos» se enfrentan, es decir, [la falta de] «puestos de trabajo, la mierda de Epstein y esos vídeos de la ICE que hacen llorar a todo el mundo». En estas conversaciones, Trump da a entender que los republicanos podrían incluso perder el Senado, en cuyo caso, «volveré a los tribunales, lo que no será agradable».

El día antes de atacar las instalaciones de enriquecimiento en junio de 2025, Trump, en una llamada telefónica a sus amigos que revela su forma de pensar, repetía constantemente:

    «Si lo hacemos, tiene que ser perfecto. Tiene que ser una 'victoria'. Tiene que parecer perfecto. Nadie tiene que morir.»

Trump seguía repitiendo a sus interlocutores: «Vamos a entrar, explotar y salir: el gran día. Queremos un gran día. Queremos [esperen, dice Wolff] una guerra perfecta». Y luego, de repente, tras el ataque de junio, Trump anunció un alto el fuego, que según Wolff fue «el final de la guerra perfecta de Trump».

La extrema violencia utilizada por los alborotadores contra la policía y los funcionarios de seguridad iraníes (hasta su punto álgido el 9 de enero de 2026); los incendios de bancos, autobuses, bibliotecas y el saqueo de mezquitas, fueron muy probablemente ideados por los servicios secretos occidentales para mostrar un Estado en ruinas y en descomposición que, en su agonía, estaba matando a su propio pueblo.

Probablemente, en coordinación con Israel, esto se le presentó a Trump como la introducción «perfecta» a un «escenario al estilo venezolano»: apostamos por la decapitación, «dentro-boom-fuera».

Esta semana, Trump ha dicho a sus asesores (por segunda vez), según informa Wolff, que quiere «una iniciativa de gran impacto; un acontecimiento de gran alcance, que sea noticia. Tiene que «sonar» bien». A pesar de que las revueltas se han calmado, sigue insistiendo en que su equipo le garantice la «victoria» en cualquier acción que se emprenda.

Pero ¿dónde encaja el escenario «dentro-boom-fuera»? Los disturbios han cesado. Tras el ataque del 12 de junio de 2025 y el secuestro de Maduro, Teherán es muy consciente de la obsesión de Washington por la decapitación.

Entonces, ¿Qué puede hacer Trump? ¿Bombardear edificios institucionales iraníes como el cuartel general de la Guardia Nacional? Y es casi seguro que Irán responderá. Ha amenazado con responder atacando las bases estadounidenses en toda la región.

En una situación así, un ataque autorizado por Trump podría no parecer en absoluto una «gran victoria».

Quizás Trump se limite a una 'victoria' menor: «Tenemos un gran palo», sigue diciendo. «Nadie sabe si lo usaré. ¡Estamos asustando a todo el mundo!».

Conflicts Forum / observatoriodetrabajad.com



Centenarios, bicentenarios e intervencionismo en América Latina 2026


 


Juan J. Paz y Miño Cepeda

Historia y Presente – Lunes 5 de enero de 2026

En 2026 iniciamos una nueva fase de Historia y Presente para reflexionar sobre América Latina y Ecuador con una visión histórica crítica, que también permita comprender la coyuntura.

Es una paradoja histórica que el año 2026 esté destinado a conmemorar el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá al mismo tiempo que se levanta la nueva época de la Doctrina Monroe bajo el “Corolario Trump” con la primera intervención directa de los Estados Unidos en Sudamérica a través del bombardeo lanzado el 3 de enero sobre distintos puntos de Venezuela y la captura y retención del presidente Nicolás Maduro y su esposa. Nada importa que reaccione la comunidad latinoamericana y otros gobiernos del mundo, así como de nada han servido las normas y reglas del derecho internacional. El intervencionismo ha sido contundente y América Latina carece de fuerza y coordinación para imponer el respeto a la soberanía de cada Estado en la región.

Hace doscientos años, por convocatoria de Simón Bolívar, quien era en aquellos momentos Libertador Presidente de Colombia y Encargado del Mando Supremo del Perú, se reunió en Panamá el primer congreso de los nuevos Estados independientes, con el propósito de lograr una gran confederación continental. Este Congreso Anfictiónico, como fue denominado, se inició el 22 de junio de 1826 y concluyó el 15 de julio. La documentación esencial sobre este acontecimiento fue compilada por Germán A. de la Reza y publicada por la Biblioteca Ayacucho (https://t.ly/d9cGT). Queda en claro que Bolívar pretendía la unión de los países liberados del coloniaje español y que no pensó en la participación de los Estados Unidos. Fue el vicepresidente Santander quien invitó a este país, lo cual forzó la invitación a Brasil y también a Gran Bretaña y a los Países Bajos. De modo que, finalmente, asistieron dos representantes por cada uno de los siguientes Estados: la Gran Colombia, conformada por Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela; las Provincias Unidas del Centro de América, integradas por Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua; y, además, Perú y México.

El ideal unionista de Bolívar no era fácil de conseguir con Estados incipientes, sometidos al despertar de regionalismos, caudillos, élites dominantes, bipartidismo político y hasta militares aspirantes a gobernar. Además, los ambientes sociales eran adversos por la clara división en clases heredada de la colonia, con amplia explotación a los trabajadores del campo y la ciudad, y con frágiles democracias censitarias. Argentina estaba más preocupada por el conflicto con Brasil al respecto de la Banda Oriental; Brasil no envió delegados, tampoco Chile; los de Bolivia no llegaron a tiempo; Paraguay prefirió su sui géneris aislacionismo; mientras Estados Unidos y Gran Bretaña solo se interesaron por acuerdos comerciales. Siguiendo la documentación y las intervenciones, el Congreso no pasó de ser el primer intento real por la unidad continental. Además, la “Doctrina Monroe” postulada por Estados Unidos en 1823, se demostraba más como un instrumento para garantizar su presencia e intereses en el continente. Eso explica la carta que años más tarde dirigiera Bolívar al coronel Patrick Campbell (1829) en la que dejó sentada una frase fulminante: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.

Ese “destino” se repitió, cada vez con mayor claridad, al transcurrir el siglo XIX y alcanzó un agresivo rango con el “Corolario Roosevelt” (1904), que atribuía el “derecho” de los Estados Unidos a intervenir en América Latina con un “gran garrote” para garantizar sus intereses en plena expansión imperialista. Esa orientación condujo a la invasión norteamericana a Nicaragua precisamente en 1926, que fue justificada por la “inestabilidad” política que el gobierno estadounidense consideró que afectaban a su país. El mismo ideal intervencionista ha revivido con el “Corolario Trump” del año pasado, que marca una nueva fase agresiva sobre la región, que las consideraciones geopolíticas visualizan que tendrá graves impactos durante 2026 (https://t.ly/4GiY5) y que ha comenzado precisamente en la tierra de Simón Bolívar.

De otra parte, el marco histórico del bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá realza el centenario del nacimiento de Fidel Castro Ruz, el 13 de agosto de 1926. Se trata del líder de la Revolución Cubana (1959) orientada por las ideas independentistas y antimperialistas de José Martí, así como por el pensamiento latinoamericanista que se originó en personajes como Miranda y Simón Bolívar. La Revolución en Cuba es el acontecimiento de mayor importancia en el siglo XX latinoamericano y Fidel una figura de valía histórica internacional. Cuba sigue sufriendo el bloqueo de los Estados Unidos, agravado ahora con el Corolario Trump. Es un asunto que ha violentado por décadas el derecho internacional, que ha sido condenado por las Naciones Unidas desde 1992 y que es la causa determinante de los problemas económicos y sociales que mantiene la isla.

Hace un siglo también despertaban los movimientos de trabajadores por conquistar derechos, que la Constitución Mexicana de 1917 los consagró por primera vez en la historia latinoamericana. En varios países se conquistó la jornada de 8 horas diarias y se consiguieron las primeras leyes laborales. Además, en 1926 en Colombia los indios seguidores del cacique Quintín Lame se levantaron contra el Estado; en Guatemala los trabajadores bananeros lanzaron una poderosa huelga; y en varios países como Colombia y Ecuador se fundaron los Partidos Socialistas, mientras ideólogos venezolanos fundaron en México el Partido Revolucionario, un núcleo que condujo a la fundación del Partido Comunista. En Ecuador se inició el gobierno de Isidro Ayora (1926-1931), quien dio continuidad a las reformas de la Revolución Juliana (1925) a través de la Misión Kemmerer que llegó al país y con la cual se pudieron fundar el Banco Central, otras instituciones económicas e incluso la Caja de Pensiones.

En la coyuntura inmediata, en 2026 habrá elecciones en varios países: Costa Rica, para el Ejecutivo y Legislativo; en Perú, igual; también en Colombia; además en Haití, que vive un verdadero drama institucional; e igualmente en Brasil. La polarización política y social está consolidada en la región entre dos tipos de fuerzas por el poder: de un lado, los grandes grupos económicos que confían en que políticos de derecha garanticen sus intereses manteniendo las políticas neoliberales que se han reproducido por décadas; de otro lado están los sectores medios, trabajadores y populares que aspiran que los políticos progresistas de izquierda logren establecer Estados basados en economías sociales para el bienestar. Una situación imprevisible, aunque la “marea azul” ha avanzado en América Latina y las izquierdas continúan con divisiones ideológicas y capacidades limitadas para imponer una unidad que conduzca al control del poder para el largo tiempo, como la región demanda (https://t.ly/WIB6W). Además, es claro que de alguna manera actuará el gobierno Trump quien no ha tenido límite alguno para respaldar candidatos, políticos y gobiernos derechistas que considere “aliados” dóciles a los intereses superiores de los Estados Unidos.

Bajo ese marco, no solo los gobiernos derechistas como el de Argentina o Ecuador han saludado el injerencismo estadounidense en Venezuela, sino que está amenazada Colombia y el cerco norteamericano del Caribe tiene un propósito geoestratégico de mayor amplitud para vigilar Brasil y México, con gobiernos que bajo el Corolario Trump son “izquierdistas” y, por lo tanto, peligrosos. Desde luego, la intervención en Venezuela es un llamado de atención a China, Rusia y los BRICS, pues en “Occidente” no se puede permitir que ellos se conviertan en una fuerza que amenace la seguridad nacional de los Estados Unidos. Y, finalmente, a la cabeza de todo, está la concepción de Trump sobre los recursos latinoamericanos y especialmente el petróleo venezolano, que pasan a ser “propiedad” de los Estados Unidos y, por tanto, más tarde o más temprano lo tomarán. En otras palabras, en el bicentenario del Congreso convocado por Bolívar, nuevamente la Doctrina Monroe con el Corolario Trump es no solo una amenaza sobre toda América Latina sino un hecho real, iniciado con los bombardeos y ataques a Venezuela.

Fuente : https://www.historiaypresente.com/centenarios-bicentenarios-e-intervencionismo-en-america-latina-2026/ 


¿Está China haciendo “colonialismo” en África?

 

En el siguiente Substackartículo de Substack, el ecologista y antropólogo Jason Hickel aborda un popular tropo sobre la República Popular China: que se dedica al colonialismo en África. Hickel muestra que tal afirmación es históricamente inexacta, analíticamente descuidada y sirve para oscurecer la realidad continua del poder neocolonial occidental en el continente.

La acusación del colonialismo chino, popularizado en el discurso político occidental y los medios de comunicación en las últimas dos décadas, equipara el compromiso económico de China en África con el colonialismo occidental y el neocolonialismo. Hickel argumenta convincentemente que esta es una falsedad políticamente motivada que trivializa la violencia extrema del gobierno colonial.

El artículo comienza aclarando las características reales del poder colonial y neocolonial: agresión militar, guerras de cambio de régimen, guerras de poder, desestabilización política, coerción económica, sanciones, control financiero, condicionalidad de préstamos y ajuste estructural. El control continuo de Francia del franco CFA y la red estadounidense de bases africanas ejemplifican la persistencia de la dinámica neocolonial después del final de la era colonial.

China, por el contrario, nunca ha invadido un país africano; no se dedica a la desestabilización; no orquesta golpes y asesinatos, controla monedas, impone sanciones o impone condiciones de ajuste estructural a los préstamos. Nada en el comportamiento de China se parece remotamente a las prácticas imperiales occidentales.

Sobre la cuestión de la extracción de recursos en África, el autor observa que las empresas occidentales dominan abrumadoramente la minería africana y la expansión de los combustibles fósiles; las empresas chinas controlan solo una pequeña parte. Con respecto a las acusaciones de que China establece “trampas de deuda”, Hickel señala que solo el 12 por ciento de la deuda externa de África se debe a China, en comparación con varias veces esa cantidad adeudada a los acreedores privados occidentales, a tasas de interés significativamente más altas y términos de pago menos flexibles.

El poder imperial significa que Estados Unidos y sus aliados pueden destruir y destruir regularmente estados enteros en toda la mitad del mundo, violando el derecho internacional con impunidad. Pueden y bombardean cualquier individuo o movimiento que no les guste, en cualquier parte del planeta, por cualquier motivo. Pueden imponer y hacer sanciones aplastantes, matando a millones de personas y doblegando a los gobiernos a su voluntad. China simplemente no proyecta este tipo de poder.

Los políticos y periodistas occidentales a menudo afirman que China está haciendo “colonialismo” en África. Esta narrativa tiene sus raíces en el discurso del gobierno de los Estados Unidos que se remonta a casi dos décadas, y se ejemplifica en una audiencia del Congreso de los Estados Unidos que se llevó a cabo bajo el título “China en África: ¿El nuevo colonialismo?” En el mismo año, la revista estadounidense de negocios Forbes afirmó que el propósito de la participación de China en África es “explotar a la gente y tomar sus recursos. Es lo mismo que hicieron los colonos europeos... excepto peor”.

Ciertamente, hay razones para criticar las actividades de las empresas chinas en África, pero afirmar que China está ejerciendo el poder colonial dentro del continente, lo que atrae una equivalencia directa con el colonialismo y el imperialismo occidental, es empíricamente incorrecto, estira estos términos en falta de sentido y equivale a negar la violencia del colonialismo realmente existente.

¿Qué es el poder colonial?

Primero, consideremos lo que está en juego de la acusación. ¿Qué constituye el poder colonial y neocolonial?

El colonialismo europeo se basó en la invasión y la ocupación militar, el despojo forzado y la violencia sistemática, incluidas las hambrunas inducidas por políticas, los campos de concentración y el genocidio. Solo en África, los británicos, alemanes, franceses, belgas e italianos perpetraron crímenes genocidas, en casos separados. Los colonizadores alemanes exterminaron a la mayoría de la población herero y nama en Namibia. Los colonizadores belgas mataron a unos 10 millones de personas en el Congo.

Los africanos lograron la independencia política a mediados del siglo XX, pero los estados centrales han seguido ejerciendo el poder coercitivo en el continente en las décadas posteriores. Estados Unidos tiene actualmente 58 bases militares activas en África. Estados Unidos ha intervenido en muchas elecciones nacionales, distorsionando el proceso democrático a favor de los intereses de Estados Unidos, y ha llevado a cabo unas 20 operaciones de cambio de régimen. Estados Unidos ha impuesto sanciones económicas a la mayoría de los países africanos (todos excepto a 9).

Francia, por su parte, controla la moneda de 14 países de África Occidental, y tiene decenas de miles de tropas estacionadas en sus antiguas colonias africanas. Francia tiene un historial de larga data de manipular las elecciones africanas y apuntalar a los dictadores, y ha colaborado en asesinatos contra varios líderes políticos en África desde la descolonización formal. En cuanto al Reino Unido, ha invadido casi todos los países africanos (excepto 5), y actualmente mantiene 18 bases militares en el continente.

Los estados occidentales han orquestado golpes de Estado contra docenas de gobiernos progresistas en todo el Sur global. En África, esto incluye a Patrice Lumumba en la República Democrática del Congo, Kwame Nkrumah en Ghana y Thomas Sankara en Burkina Faso, entre muchos otros, todos los cuales fueron reemplazados por juntas de dictaduras de derecha o más dispuestas a servir a los intereses occidentales. Los estados occidentales también apoyaron activamente el régimen de apartheid en Sudáfrica.

El poder neocolonial también se ejerce a través de instituciones financieras internacionales. En el FMI y el Banco Mundial, Estados Unidos tiene poder de veto sobre todas las decisiones importantes y los estados centrales controlan la mayoría de los votos. Han utilizado este poder para imponer programas de ajuste estructural (PAE) en todo el Sur global, reorganizando por la fuerza la producción del Sur lejos de las necesidades humanas locales y, en cambio, hacia las exportaciones al núcleo en posiciones subordinadas dentro de las cadenas de productos básicos globales. En África, los SAP causaron décadas de recesión económica y desarrollo para garantizar que los recursos africanos permanezcan disponibles a bajo costo para Occidente.

Nada de lo que China ha hecho en África se acerca a nada de esto. La diferencia moral y material es enorme. China no mantiene ocupaciones militares en África. No realiza operaciones de cambio de régimen, asesinatos y golpes de estado. No controla las monedas africanas. No impone sanciones ni programas de ajuste estructural a las economías africanas. China no ha cometido genocidio en África. Nunca ha invadido un país africano.

De hecho, China no ha invadido ningún país en ningún lugar en los últimos 46 años. Durante este mismo período, hemos visto a los estados occidentales invadir y bombardear una larga lista de países del Sur globales, con una violencia espectacular, incluidos siete países solo en 2025.

Equiparar las actividades de China en África con el colonialismo europeo y el imperialismo occidental contemporáneo no solo es empíricamente incorrecto, sino que trivializa la extraordinaria violencia de este último. Es efectivamente una forma de negacionismo colonial.

Evaluación de las acusaciones

Las afirmaciones del “colonialismo” de China en África dependen de tres acusaciones principales. La primera es que las empresas chinas perpetran abusos laborales y causen conflictos sociales y ambientales en África. La segunda es que China domina las industrias extractivas en África. La tercera es que China pone a los países africanos en “trampas de deuda”.

A la primera afirmación: sí, China tiene empresas capitalistas que operan en África, que explotan a los trabajadores. Pero así es como operan todas las empresas capitalistas, independientemente de dónde tengan su sede. Un estudio reciente sobre Angola y Etiopía no encontró diferencias sistemáticas en los salarios pagados por las empresas chinas en comparación con las empresas occidentales. Si el comportamiento explotador de las empresas capitalistas se convierte en la definición de “colonialismo”, entonces el término se despoja de todo valor analítico. También podemos decir que las empresas indonesias o brasileñas que operan en África son coloniales, pero luego el término claramente pierde todo significado.

En cuanto a las empresas chinas que causan conflictos, un estudio reciente sobre las empresas mineras chinas que operan en el extranjero descubrió que no crean más conflictos que otras empresas de propiedad extranjera. De hecho, un estudio de más de 3.300 conflictos de justicia ambiental en todo el mundo encontró que, donde las empresas de propiedad extranjera están impulsando conflictos en África y el resto del Sur global, estas empresas tenían su sede en Occidente en lugar de en China. En la misma base de datos (el Atlas de Justicia Ambiental), las empresas francesas son responsables de 50x más conflictos ambientales en África que las empresas chinas sobre una base per cápita.

A la segunda afirmación, sobre la extracción de recursos: la narrativa de que China domina las industrias extractivas de África no está respaldada por la evidencia. En 2022, el 72% de los fondos de exploración minera centrados en África eran propiedad de empresas canadienses, australianas y británicas, con solo el 3% de China. Los datos de 2018 muestran que las empresas chinas controlaban del del valor total de la producción minera africana, menos de la mitad del valor controlado por una sola multinacional británica, Anglo American.

Ampliando los combustibles fósiles, los planes de las empresas occidentales para expandir la extracción de petróleo y gas en África superan a los de las empresas chinas por un factor de nueve. De los 23 mayores inversores institucionales en la expansión de los combustibles fósiles en África, el 92% de las inversiones están en poder de Occidente; mientras tanto, el 74% de la financiación de la expansión es proporcionada por los bancos occidentales. Estas cifras indican que es Occidente el que controla y se beneficia abrumadoramente de la extracción de combustibles fósiles de África.

La RDC ofrece un caso interesante. En 2008, las empresas chinas firmaron un acuerdo con la RDC para emprender el desarrollo de infraestructura a cambio de minerales por valor de hasta $ 50 mil millones en 25 años. Las instituciones occidentales representaban esto como “colonialismo chino”. Más tarde, en 2025, Estados Unidos firmó un acuerdo con la RDC para obtener $ 2 billones en derechos minerales a cambio de poner fin a los ataques de las milicias respaldadas por Ruanda contra la RDC; ataques . El acuerdo con Estados Unidos es 40x más grande que el acuerdo con China. Pero las instituciones occidentales no acusan a los Estados Unidos de colonialismo; por el contrario, han tendido a ir con la narrativa de un “acuerdo de paz”.

Por último, a la cuestión de las “trampas de deuda”. Los datos existentes muestran que solo el 12% de la deuda externa de África se debe a China, mientras que el 35%, tres veces más, se debe a acreedores occidentales privados, y las deudas de África con los acreedores occidentales tienen el doble de intereses en comparación con sus deudas con China.

Un estudio exhaustivo de los préstamos de China a África durante el período 2000-2019 encontró que China nunca incautó activos y nunca utilizó los tribunales para hacer cumplir los pagos. Además, durante la pandemia de Covid, China suspendió un volumen sustancialmente mayor de deudas de los países de bajos ingresos que los acreedores occidentales.

Quizás lo más importante es que China no impone condiciones de ajuste estructural a la financiación. Por el contrario, los acreedores occidentales tienen un historial de aprovechar los programas de ajuste estructural para obligar a los gobiernos africanos a vender activos públicos.

China en perspectiva del sistema-mundo

Es importante mantener la perspectiva aquí. El poder imperial significa que Estados Unidos y sus aliados pueden destruir y destruir regularmente estados enteros en toda la mitad del mundo, violando el derecho internacional con impunidad. Pueden y bombardean cualquier individuo o movimiento que no les guste, en cualquier parte del planeta, por cualquier motivo. Pueden imponer y hacer sanciones aplastantes, matando a millones de personas y doblegando a los gobiernos a su voluntad.

China simplemente no proyecta este tipo de poder. Se trata de una economía semiperiférica, con un PIB per cápita que es un 80% menor que el del núcleo, e igual al del promedio latinoamericano. Su gasto militar per cápita es un 40% menor que el promedio mundial, y el 1/20 del de Estados Unidos. China puede resistir los dictados de los estados centrales en cierta medida, pero no puede y no impone su voluntad en el resto del mundo como lo hacen los estados centrales.

Nada de esto quiere decir que las empresas chinas no explotan a los trabajadores y los recursos en África. Pero esto no puede describirse como poder colonial o imperial sin hacer que estos términos sean analíticamente sin sentido, y negar la violencia del colonialismo realmente existente.

Los países semiperiféricos como China juegan un papel intermedio en el sistema-mundo capitalista. Proporcionan productos manufacturados baratos hasta el núcleo en industrias altamente competitivas con márgenes de beneficio delgados. Los capitalistas que operan en estas industrias están bajo presión para obtener insumos materiales lo más barato posible, lo que los impulsa a explotar los recursos en la periferia (como África), donde las intervenciones imperialistas de los estados centrales han debilitado a los gobiernos y han abaratado la mano de obra y los recursos.

Dentro de este sistema, el núcleo extrae el valor de la semiperiferia, incluso de China, así como de la periferia a través de la semiperiferia. El comportamiento de los capitalistas semiperiféricos en la periferia debe entenderse principalmente como una función del sistema-mundo imperialista en lugar de como una expresión del imperialismo mismo.

 

Traducido del francés fuente : https://histoireetsociete.com/la-chine-pratique-t-elle-le-colonialisme-en-afrique/ 

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